Cristiano remató una, dos, tres veces. Y entonces llegó el gol de Eto?o y se acabó. Fueron siete minutos de superioridad inglesa. Los cañonazos de Ronaldo amenazaron a Valdés y sembraron el pánico. Pero apareció el rostro pálido de Iniesta, desactivó la granítica defensa de los de Ferguson y sacó billete hacia el triplete.
El Barça se sobrepuso a las bajas. Planteaba serias dudas por las ausencias de Alves, Abidal y Márquez. Dio lo mismo. Touré, Silvinho y Puyol, junto al enorme Piqué, jugaron como gigantes. Ni se notó la discreta actuación de Henry. Iniesta y Xavi impregnan a este Barça celestial de un sello único, inimitable. No pierden la pelota, siempre encuentran un compañero, siempre burlan al defensa, siempre trenzan el fútbol. Además, este Barça de los dos pequeños cerebros ha conseguido sacar partido de la gran calidad de sus jugadores de la mejor manera posible. No solo son buenos, sino que mezclan entre ellos. Entre los blaugrana existe una química que roza lo inexplicable. Más allá de tácticas, el Barça de Pep Guardiola ha conseguido convertirse en una obra coral que ya ha pasado a la historia del fútbol español y europeo.
A partir de ahora comenzarán los sesudos análisis que expliquen el por qué de tanta excelencia. Y tal vez haya que quedarse con una clave fundamental: el modelo. El Barcelona se ha convertido en una factoría de futbolistas que aúna el compromiso con el juego con el compromiso con el escudo. Es la diferencia actual entre el Madrid y el Barcelona. Florentino Pérez quiere comprar el éxito comprando futbolistas. Mientras el próximo presidente blanco saca la chequera, el Barça fabrica futbolistas geniales alrededor de los cuales se puede construir el éxito.