El orden y la constancia de Juande frente a la brillante propuesta de Guardiola. Un duelo en toda la regla
02 may 2009 . Actualizado a las 14:04 h.Noventa minutos para decidir la Liga o una hora y media para que la competición española siga viva. Madrid y Barcelona, dos trayectorias tan dispares como el fútbol que ambos destilan, a la caza de los puntos más importantes de los últimos tiempos ( 20.00 horas, ppv ).
Hace apenas cuatro meses, el 13 de diciembre, nadie hubiera apostado porque el partido del siglo hiciera honor a su nombre. Entonces, un Barça lanzado derrotaba al Madrid en el estreno de Juande Ramos en el banquillo blanco. El conjunto catalán ampliaba la hemorragia en un rival tocado en lo deportivo y que asistía a una auténtica descomposición en los despachos.
Doce puntos marcaban la diferencia entre un equipo, el de Guardiola, que viajaba lanzado a lomos de la excelencia, y otro, el de Juande, preso del desorden. Desde entonces, el Barça apenas se ha desviado de su extraordinaria trayectoria y tiene al alcance de la mano firmar la mejor temporada de su historia (Liga, Copa y Champions); lo del Madrid es otra historia, la de un equipo que comenzó apelando al orden y se ha aferrado a la épica para no entregar una Liga cuyo dueño parecía cantado desde Navidad.
Un empate y 17 victorias ha conseguido el Madrid desde su visita al Camp Nou, acercándose al sueño imposible. Ha llegado vivo a la cita con su tradicional enemigo, a un duelo que, ahora, a cuatro jornadas para la clausura, puede certificar sus aspiraciones o su defunción.
El mérito del Madrid ha residido en no renunciar nunca, en una fe a prueba de su caos administrativo, de las lesiones y del tropiezo en Europa. Como durante prácticamente toda la temporada, Juande no podrá contar con Van Nistelrooy, Diarra o De la Red; tampoco con Pepe, su principal baluarte en la retaguardia, víctima de un incomprensible ataque de ira frente al Getafe; Guti se lesionó durante la semana y Robben será duda. Así que, una vez más, el Bernabéu y la constancia de un equipo que parece no entregarse nunca serán sus armas frente a un rival ejemplar sobre el campo.
Sobreponerse a la factura que puede pasarle el cansancio de sus tres semanas frenéticas y a sentir, por primera vez desde septiembre pasado, el aliento de su eterno rival serán los enemigos de un Barça huérfano del imperial Márquez y que tiene a cuatro días el ser o no ser en la Liga de Campeones.
En un examen puramente cuantitativo, uno y otro han estado a la altura de su historia. Números de récord en la Liga. Uno y otro han ganado, como es el deber de dos potencias futbolísticas. Jugar bien, la obligación de ambos, es otro asunto. Solo lo ha conseguido el Barcelona. Pep Guardiola ha logrado borrar de la memoria las dos frustrantes campañas anteriores, ha vuelto a conectar el fútbol del Barcelona con la referencia del dream team . Nadie puede dudar de su fútbol ni de las intenciones de un equipo para el que ganar sigue el innegociable camino del buen gusto.
El mérito del Real Madrid es seguir vivo, haber encontrado la victoria por la senda del deseo y arrinconar a un rival unánimemente admirado. ¿Suficiente para oponerse a uno de los mejores Barcelonas de la historia, a un equipo brillante en la creación (Xavi e Iniesta) y letal en la finalización (Eto'o, Messi)?
Uno representa el fútbol espectacular, el del toque, el ataque y la ambición. El otro, más puramente resultadista, el de la eficacia, con un juego discreto pero fortalecido por una fe inquebrantable, el que ha permitido al Madrid acercarse a solo cuatro puntos del Barça a cinco jornadas para el final del campeonato. Un choque de estilos en el Santiago Bernabéu. El vigente campeón contra el líder y gran favorito para arrebatarle el título en un duelo salpicado de incertidumbre y tensión. Como debe ser.