El Lugo se ahogó sepultado por Valle

Marcos Pichel

CDLUGO

Tiempo de silencio en el Ángel Carro. Jugadores visitantes que acallaron a los locales cuándo y cómo quisieron. Ya ni el recurso a la casta le sirve al Lugo para levantarse de momentos dolorosos. El desorden en el que vivió ayer le impidió devolver a la Ponferradina los golpes que sibilinamente le dio. Ni siquiera sirvió el empuje de aquellos a los que se les veía el orgullo herido; ni el recorrido de Poratti, ni las ganas de Losada, ni la fuerza de Sergio, para detener la avalancha en la que se convirtió el conjunto berciano al infligirle una de las derrotas más duras del curso en casa. No tuvo respuesta el Lugo, que agonizó con un traje que le cosió a medida Jonatan Valle.

A los 20 minutos de partido, Fonsi Valverde ya había cambiado por tres veces a sus atacantes de sitio. Sergio, que comenzó como delantero centro, pasó a la banda izquierda, y después a la derecha. Losada retornó a la punta, y Arroyo volvió a su puesto natural de interior zurdo. Sólo Poratti, el único que ofrecía coherencia al deslavazado juego rojiblanco, permaneció en la media punta. Aunque este puesto era ficticio, convertido en realidad en un todocampista que bajaba a cortar los balones, se pegaba con los defensas y distribuía el juego.

Porque la Ponferradina llegó a Lugo tal y como se esperaba: a convertirse en el dueño del partido. Ya su afición les inducía a ello al llenar la grada de preferencia de blanquiazul. Sus mediocentros, Borreguero y Nacho, impedían a los rojiblancos el acceso al cuero. Le hacían el vacío a Durán, que añoraba a su amigo esférico, mientras Pablo Ruiz contemplaba cómo los contrarios movían y movían sin poder cortar una sola vez.

La comodidad berciana resultaba evidente. Sólo sufrieron cuando, desesperado con el 0-2, el Lugo asumió riesgos y cercó la puerta de Alejandro. Pero ni por esas. Con o sin el control, la Ponferradina llegaba cómo y cuando quería. Y hasta sin querer, marcaba. Para eso tienen a Jonatan Valle. Por dos veces, el santanderino (una a saque de córner, otra desde el lateral del área) soltó la pelota de su bota, y el cuero saludó uno a uno a todos los defensores, y cuando Javi Muñoz quiso corresponder y darle la mano, pasó de largo y entró con facilidad. Gol olímpico y de centro-chut para mayor gloria del menudo punta de la Ponferradina, el cuarto y el segundo de la cuenta visitante.

Antes del descanso, perdía el Lugo 1-4. El 0-1 lo había peinado Bornes ante la imposibilidad de los defensas locales para llegar al pase de Valle. En el 1-3, el propio Valle, que anudó a su antojo a la zaga local, se sirvió de De Paula como pared para, de toque suave, superar por alto la salida de Javi Muñoz.

Sólo Losada con respuestas

Sólo Losada, entre los locales, tuvo capacidad de respuesta. En la primera y en la segunda mitad, fue el único que creó peligro, que remató con solvencia y puso en apuros a Alejandro, y el que vio premiado su esfuerzo con un gol, el que parecía de la honra para los rojiblancos, hasta que Sergio (que lo buscó en la segunda) hizo el 2-4 en el minuto 90.

La segunda parte, para el olvido. Ni el Lugo pudo, ni la Ponferradina quiso hacer sangre.