Un ejercicio de fe conduce al Celta B a remontar en el segundo tiempo ante el colista Valladolid B
VIGO
Un partido que nació con pinta de tostón terminó en bulliciosa remontada para el Celta B. Con Eusebio en las gradas y con el colista Valladolid B bien plantado en el campo, el filial celeste fue un cúmulo de despropósitos en el primer acto, pero a base de casta, paciencia y una buena dosis de ingenuidad del rival consiguió voltear el marcador y sumar los 45 puntos que aseguran de un modo virtual la permanencia y que dejan ocho jornadas por delante para buscar nota en la tabla.
Lo mejor del duelo de filiales quedó para el segundo tiempo. La saga de imprecisiones y licencias del primer acto, que permitieron a los pucelanos adelantarse en el marcador al tocar Campillo hacia su propia portería una falta botada a media altura, dio paso a una demostración de fe celeste.
Bajo la batuta de un híper motivo Iago Aspas los vigueses comenzaron a tocar en medio campo y a multiplicar unas llegadas que habían sido del todo escasas en el arranque de partido. En su apuesta por el toque -no sin imprecisiones- se encontraron a un zaga vallisoletana en período de descomposición. Especialmente por el costado derecho y por el centro. Por ese territorio penetró el balón con una pared entre Pedro y Iago Aspas para servir un balón que Joselu remató a placer en la misma línea de gol.
Tras el empate y con cerca de media hora por delante, las ocasiones celestes se convirtieron en aluvión. Iago falló un mano a mano con el meta rival tras un carrerón desde el medio del campo, Oriol hizo lo más difícil ante Javi y a Joselu le faltaron centímetros para explotar su remate de cabeza.
La sentencia llegó en el último arreón con la firma del hombre del partido. Aspas explotó el carril central para acudir al encuentro con el balón tras un servicio de Joselu desde la banda. Gol, fiesta y la salvación matemática.