El atletismo español cumplió el guión y regresa a casa tras el Europeo de Turín en pista cubierta con cinco medallas. También con una pequeña decepción, una plata en los 1.500 después de llegar acreditados sus tres representantes con las tres mejores marcas. Fue el joven Diego Ruiz quien entró en la tercera posición para cerrar un medallero que antes habían engordado Luis Alberto Marco y Ruth Beitia. También dos platas de enorme valor.
Turín significaba para el atletismo español el primer paso hacia el cambio. La renovación sin traumas que propone Odriozola, que esta vez se quedó cerca de clavar su quiniela particular. Como siempre pecó de optimista, aunque menos.
En la tercera jornada brilló con luz propia Ruth Beitia para alcanzar la segunda plaza en el salto del altura. La cántabra supo administrar mejor que nadie los saltos. Hizo pocos, pero casi todos muy buenos. Si había superado la calificación con un intento en la final saltó a la primera el 1,96 y de ahí al 1,99 para asegurar la medalla de plata. Quiso el oro, pero el 2,03 resultaron infranqueables.
Ruth es el nexo de unión entre la España atlética tradicional y la que viene el camino. A esa nueva generación pertenecen los otros dos medallistas del día. Luis Alberto Marco llegaba a Turín avalado por su triunfo en el Campeonato de España y el sevillano hizo lo máximo que estaba a su alcance en los 800 metros, ser plata. El oro correspondía de un modo incontestable al ruso Yuri Borzakovski. Marco, nacido en la localidad sevillana de Dos Hermanas en 1986, hizo su carrera sin cegarse con el favorito y terminó consiguiendo a sus 22 años su primer gran éxito a nivel continental.
El 1.500
De la misma estirpe es Diego Ruiz, otra perla de la inagotable cantera de los 1.500. Arturo Casado era en teoría el jefe de filas, pero el madrileño volvió a fallar. Tiene cuerpo, piernas y talento, pero tácticamente es un desastre. Puso en bandeja el título a Rui Silva y destrozó las opciones de triplete. Ni él ni Álvaro Rodríguez pudieron asomarse al podio. Solo lo hizo el burgalés Diego Ruiz, que debutaba en una competición internacional, después de un espectacular arranque en los últimos 300 metros.
A las tres platas de la última jornada hay que sumarle la conseguida por Natalia Rodríguez en la víspera, en los 1.500 metros, y el bronce de Jesús España en los 3.000. Cinco metales, más once puestos de finalista, para rescatar al atletismo español de la depresión después del cero de Pekín. Aún así los números confirman un retroceso con respecto al último europeo bajo techo celebrado en Birmingham hace dos años. En la ciudad inglesa España había firmado nueve metales, dos de ellos de oro, el color que se echó de menos en Turín.
Pero son otros tiempos, porque aunque viejos rockeros como Manolo Martínez reviviesen metiéndose en la final de peso, una nueva hornada viene en camino. El regreso de la mejor Natalia, figuras emergentes como Marco, Ruiz o el niño Gavaldá que se convirtió a sus 16 años en el participante más joven de la historia de un Europeo, o el propio Jesús España aseguran un relevo todavía por explotar.
En la hoja de ruta federativa Turín era el kilómetro cero de una travesía que tiene como punto de destino Barcelona en julio del 2010 con motivo de la disputa del Europeo al aire libre. Ahora que las medallas mundialistas se han puesto casi imposible para el viejo continente hay que hacer historia en reuniones de vecindad.