El cubano que quiere ser gallego

DEPORTES

Desertor del régimen castrista y oro en unos Juegos Panamericanos, el taekuondista Gerardo Ortiz se proclamó el fin de semana campeón autonómico absoluto

16 dic 2008 . Actualizado a las 12:20 h.

El polideportivo moañés de Reibón se puso en su contra. Quedaban pocos segundos para que se proclamara campeón gallego de taekuondo y el público se unió en una sonora pitada y gritos de «¡tongo, tongo!».

Gerardo Ortiz (Matanza, 1976) -un cubano que con solo 20 euros en el bolsillo desertó del régimen castrista y buscó la libertad en España- acababa de destronar al campeón gallego del peso pesado, Pablo Casares. Tras una polémica decisión arbitral, el que en su día fue campeón panamericano saboreaba el oro autonómico con amargor. Su dedo índice delante de la boca mandaba callar a los aficionados. Minutos después, subía al podio exhibiendo su ficha federativa para reivindicar su condición de taekuondista gallego.

Era un paso más de un hombre que renunció a ser un protegido deportista cubano para luchar por dos sueños: «Ser campeón de España con Galicia y campeón del Mundo con España».

Su viaje hacia la libertad comenzó una madrugada de primavera en la que aprovechó una concentración del equipo nacional cubano en Francia para desertar. Con la complicidad de la noche, preparó una pequeña mochila - «metí unos jeans , dos jerséis, un dobok [traje de taekuondo], un chándal, unos zapatos y ropa interior», apunta- y se escapó del hotel de concentración. «Eran las cinco de la mañana y eché a correr en busca de una gasolinera que había visto por la mañana. No miraba hacia atrás. Fue el medio kilómetro más largo de mi vida. Corría hacia la libertad».

Con 20 euros como tesoro, buscó algún castellano hablante que lo trajera a España. «Pasaron varias horas y muchos camioneros, pero ninguno hablaba español. Temía que al amanecer alguien descubriera mi ausencia, pero al final encontré quien me transportara a Barcelona».

El viaje no fue cómodo, pero España estaba a solo unos kilómetros. El final de su sueño. Llegó a la ciudad condal, en donde se gastó los ahorros en llamadas telefónicas. «Busqué a mi primer maestro, Fran Carrasco, que reside en Mallorca. Quería reencontrarme con él. Pero no tenía su teléfono y me gasté todo el dinero en una cabina. Lo encontré a él y a un amigo que vive en Barcelona y que me acogió hasta la llegada de mi maestro».

Carrasco le compró el billete en ferri y lo acogió en su casa: «No me faltó de nada. Tenía comida, alojamiento y un sitio en el que entrenarme. Me trató como a un hijo. Y así viví hasta que conseguí llegar a Galicia».

En Palma inició una nueva etapa en su vida. Atrás dejaba una gran carrera deportiva en Cuba y un futuro prometedor en política deportiva -«El Gobierno de mi país me estaba preparando para que el día en que me retirara asumiera la vicepresidencia de la federación»-. Su licenciatura en Cultura Física y Recreación (Ciencias del Deporte en España) y sus conocimientos de gestión no pasaron inadvertidos para el régimen castrista.

Sin contacto con su familia

Pero también dejaba a su familia y a su novia costarricense, Mónica. «Nadie sabía que me iba a fugar. Cuando haces una cosa de esas, no puedes comentarlo, porque los implicarías. Es más, durante un tiempo no pude ni mantener contacto. Ni una llamada, ni un mail ... Fue duro, pero mi felicidad estaba en juego. Ahora he vuelto a saber de ellos», explica mientras saborea un refresco que le sabe a gloria.

«En Cuba, no tenía ni para tomarme una Coca Cola. Era un deportista de élite, pero no poseía nada. Vivía en una residencia en la que tenía alojamiento y manutención. A mayores me daban una cantidad mínima, unos 15 euros mensuales», cuenta emocionado. Los desplazamientos con la selección eran su salvación. «Nos daban una pequeña dieta para comer y yo estiraba ese dinero. A veces pasaba un poco de hambre para comprarme algunas cosas. Sabía que al regresar a Cuba iba a tener alimentos. Eso no me faltaría, pero otras cosas sí». El hambre y las necesidades son ahora historia para un hombre que vive por y para el taekuondo, un deporte que lo ha hecho fuerte ante las adversidades.