El Dépor se topa con sus fantasmas

Pedro J. Barreiros

DEPORTES

La zaga coruñesa nunca fue capaz de frenar el festival ofensivo de un Sporting de Gijón que lo avasalló

27 oct 2008 . Actualizado a las 02:22 h.

Preocupa el Dépor. Barral, un delantero inteligente y veloz, ni alto ni bajo, con el sello de calidad de la cantera del Madrid, pero suplente habitual en el Sporting, desnudó las carencias de un rival que ayer no respondió. Riazor asistió al más grave tropiezo de su equipo. La goleada, por el idéntico marcador final y por la enjundia de su contrincante, un recién ascendido, recordó a la que los coruñeses sufrieron la pasada campaña frente al Almería. En aquella ocasión abría la Liga y esta vez sacude al Deportivo en la zona tranquila de la tabla. Tres puntos y cinco equipos (incluido el Sporting) lo separan de las últimas plazas. Una zona a la que no se quiere ni nombrar.

El inicio del partido invitaba al optimismo. El Deportivo comenzó espoleado por la movilidad de Riki y Lafita (situado como segundo delantero) en ataque. En la ocasión más clara, Guardado remató alto solo ante el portero. Y el Sporting le respondió gracias a la sexta velocidad que imprimía a su fútbol. Eran minutos eléctricos, en los que el balón volaba de área a área, hasta que un error acabó con las buenas intenciones locales. Barral remató en el área, el balón golpeó en Aranzubia y el delantero hubiera vuelto a probar suerte con el rechace, si Lopo no lo hubiera trabado. También se encargó de transformar el penalti.

Declive físico

Casi sin respiro, una nueva galopada del mismo jugador, el gran protagonista asturiano, esta vez por la autopista que dejaron Filipe y Guardado en su subida, acabó en un centro que Carmelo remachó. Los locales envejecieron de golpe. Quisieron cambiar el paso, dar pausa al encuentro e hipnotizar a su rival. Con este fin entró Valerón y la afición aplaudió. Parecía una táctica válida, si no fuera porque, en realidad, solo escondía la fatiga de un buen puñado de deportivistas. Este declive físico y una novedosa vulnerabilidad defensiva, que se añade al ya crónico contratiempo de su falta de gol, evitaron cualquier atisbo de remontada. Los problemas para marcar y la sequía de los delanteros deportivistas coincidieron ayer con una defensa de piedra. Seis goles en dos partidos son demasiados. Manuel Pablo, Lopo, Colotto y Filipe acabaron rendidos a la evidencia de que se movían más lentos que los delanteros contrarios. Como si arrastrasen pesadas losas.

La expulsión acabó por retratar esta fase del choque, que llegó al descanso sentenciado. De nuevo con Barral al estilo Ronaldo. Metió la directa, sorteó a Lopo y solo frenó sujetado por Colotto, que vio la tarjeta roja. Sin pilar donde sostener su juego de toque, a la intemperie en cada ataque rival, el Dépor se confió a un Valerón solidario en el trabajo y brillante en sus asistencias. Pero hacía ya algunos minutos que a Riki se le habían agotado las diagonales y que solo Lafita se peleaba en la delgadísima línea que el Sporting dejaba entre sus centrales y los mediocentros.

La zaga de tres y los pelotazos de Lopo en busca de desmarques no solucionaron nada. Diego Castro acumuló ocasiones ante un Aranzubia soberbio hasta que marcó el tercero, pero el duelo ya estaba roto y el Dépor no era más que una sombra sin luces en ataque y ahora tampoco en defensa.