La grada de Paterna, arcaica y difícil, imita a su madre Mestalla, exigente hasta el despotismo. Anima a su equipo con bombo y platillo, y no deja un centímetro de cemento libre, pero la exigencia es máxima.
Sale en defensa a capa y espada el técnico Óscar Fernández. «Yo no tengo ninguna duda de que hemos acertado al traerlos a Valencia. Es más, creo que uno nos hace jugar (Carlos Pita) y el otro, disfrutar (Iago Iglesias)», zanja el hombre que llevó a los juveniles de División de Honor a conquistar la Liga de su grupo, la Copa de Campeones y el subcampeonato de la Copa del Rey y ahora pretende grandes gestas de la mano de los dos futbolistas coruñeses.
«Iago y Pita son los que tiran del grupo en los momentos difíciles, por su experiencia», explica Óscar Fernández. Pero debían cumplir una condición para jugar en este filial: tener mucha calidad. «Pita nos da muchísima salida del balón y un equilibrio importante en el centro del campo. Iago es algo diferente. De tres cuartos para adelante nos ofrece cosas diferentes», argumenta.