El verano comenzó con el culebrón Cristiano Ronaldo y termina con el de Robinho. Ambos tienen a un mismo protagonista: el Real Madrid. Su presidente, Ramón Calderón, es consciente de lo mucho que se juega, no tanto con la venta del brasileño al Manchester City por 40 millones, sino por la no incorporación de un sustituto.
Buena parte de afición, frustrada por la no llegada de las grandes estrellas prometidas por el presidente (Ronaldo, Kaka o Cesc) no comprende cómo un equipo que alardea de tener un presupuesto ingente y dinero de sobra solo ficha a Van der Vaart. Muy poco para un club que el año anterior se gastó 120 millones en refuerzos y aspira a ganarlo todo.
No es un club vendedor
Calderón, ya de madrugada, justificó la venta del delantero por «razones anímicas graves». El máximo mandatario insistió en que el Madrid no es un club vendedor, pero que la actitud de Robinho era la de una persona desesperada. Confirmó que habló con él varias veces el lunes y que le notó muy mal. «Se le saltaban las lágrimas al pedir que por favor le ayudáramos a salir del club», afirmó en declaraciones a varios medios.
Según el presidente, ante un hecho así se encoge el corazón y lo de menos es el dinero. A media tarde el Chelsea no se movía un ápice de lo ofertado y solo el Manchester City, con sus nuevos dirigentes, ofrecía una cifra mayor. El problema es que el City no juega la Liga de Campeones y no es un equipo puntero. Por tanto, Robinho podía negarse al no ser el sitio más indicado para lograr su meta de alzarse como mejor jugador del mundo. Sin embargo, y para sorpresa blanca según relató Calderón, el futbolista exhortó a su presidente su deseo de abandonar el Madrid y recalar en el City.
Polémica por Villa y Cazorla
La otra cruz del Madrid es la aparente imposibilidad para fichar jugadores. El presidente blanco enarboló la bandera de la honestidad y la caballerosidad para justificar el fiasco de Villa y Cazorla. En el caso del jugador valencianista, Calderón insinuó que, hasta el último día habilitado, «personas que hablaban en nombre del Valencia y del delantero» le ofrecieron al asturiano, pero que fue el Madrid quien descartó el fichaje. Algo que el representante de Villa negó de forma tajante para confirmar que fue el equipo merengue el que se reunió con él hasta en cuatro ocasiones para negociar la compra del ariete.
Sorprendió la excusa elegida para explicar la no incorporación de Cazorla. Calderón sacó la capa de la generosidad, se envolvió en ella y alegó que no pagó la cláusula de 16 millones para evitar un conflicto con el Villarreal. «Me pareció que era una faena a siete días del cierre del mercado. No quiero hacer lo que no me gusta que me hagan», remarcó. Además, manifestó que este es el tercer caso en el que se había negado a pagar la cláusula de rescisión de un jugador (se refería a Luis Fabiano y a Capel), aunque no citó sus nombres.
Nuevo enredo presidencial
El máximo mandatario dio una nueva vuelta de tuerca al asunto de los fichajes. Y se enredó. Llegó a afirmar que en caso de haber traído a Ronaldo sobraría un jugador, por lo que se vería obligado a prescindir del tercer portero y utilizar al del filial en caso de necesidad. Por tanto, la llegada de Villa o Cazorla hubiera provocado una sobredimensión de la plantilla.
Ahora, el Madrid dispone de 42 millones de euros, una ficha libre y el mercado cerrado. Es decir, deberá esperar hasta enero para suplir la baja de Robinho. Todo dependerá de los resultados y de la presión que ejerza el Bernabéu, nada acostumbrado a un despliegue tan pobre de nuevas caras.
Ramón Calderón tiene guardado un plan estratégico que invierta la situación. El Santiago Bernabéu acogerá la final de la Champions del 2010. En esa temporada es muy posible que Ronaldo ya esté en las filas blancas y el dinero de Robinho puede ser utilizado en nuevos fichajes estrella. ¿Y qué hay mejor que ganar el cetro continental en casa? Pues hacerlo antes de terminar el mandato y con elecciones en ciernes. Todo muy calculado pero arriesgado.