Un millar de personas acudieron a la llegada a Galicia del piragüista, que aterrizó al ritmo de la muiñeira
26 ago 2008 . Actualizado a las 13:38 h.Lo que da valor a los campeones no son sus proezas, sino la existencia de aficionados que se las reconocen. Sin gente que comparta con los deportistas sus logros, las medallas carecerían de trascendencia, serían simplemente un trofeo para disfrute personal de uno mismo.
Con esta premisa, la medalla de oro conquistada Carlos Pérez, Perucho, tiene un valor incalculable, porque el piragüista fue recibido en olor de multitudes con una fiesta de claro sabor gallego, ya que su entrada en la terminal de llegadas de aeropuerto de Peinador se produjo al son de una muiñeira que entonaban diferentes bandas de gaitas que allí se congregaron.
«Ganar la prueba y recibir la medalla en el podio fue emocionante, pero encontrarme aquí con los míos y con toda esta gente fue realmente emotivo, porque ellos estuvieron ahí animando y eso me llegó para remar todavía con más empuje», declaraba Perucho completamente empapado en champán tras atravesar la marea humana con la que compartió su éxito.
Fue un recibimiento realmente apoteósico para él y para la armada gallega que llegó en el mismo vuelo procedente de Madrid, porque además de Carlos Pérez, llegaron la también palista Teresa Portela, diploma olímpica, y los atletas Santi Pérez y David Gómez, además del preparador de la selección española de baloncesto, Pepe Casal, que también fue responsable en la medalla de plata cosechada por Gasol y compañía..
Galicia puede estar orgullosa de la representación que tuvo en Pekín, y no solo de los medallistas, porque como se encargaba de recordar: «Olímpico no se es todos los días, y haber estado en dos Juegos es para sentirse orgulloso. Esta vez no pudo ser por la lesión, pero estoy contento», indicó. Santi Pérez también reconocía que no estuvo «a la altura de las circunstancias». Lo primero que había hecho tras acabar la prueba de marcha fue pedir perdón por su actuación, y eso le hace si cabe todavía más grande y le puede poner tranquilamente a la altura de cualquier medallista.
Ganan los mejores, pero el esfuerzo que han realizado todos los demás olímpicos no ha sido menor que el de los campeones, y también tuvieron el reconocimiento de numerosos amigos que acudieron a la cita.