Los celestes se dejaron llevar tras el descanso y a punto estuvieron de tirar por la borda un gran primer tiempo
06 abr 2008 . Actualizado a las 02:01 h.Paseo en góndola en Hospitalet. El Breogán apretó el acelerador en el primer tiempo para finiquitar a la banda de José María Izquierdo y, fruto de la excesiva autosuficiencia que emanaba de una relajada excursión, acabó sufriendo más de lo que la diferencia entre ambos equipos podía hacer prever. Los celestes se desataron en ataque antes del descanso y se colapsaron tras el intermedio ante un rival que, más por inercia que por potencial, se aproximó más de la cuenta en el electrónico. La actitud de los gallegos dejó mucho que desear en un gallito que aspira a todo en la LEB Oro.
Los triples volvieron a ser el ingrediente esencial del Leche Río para anotarse la cuarta victoria consecutiva. Los porcentajes de tiro que los de Paco García exhibieron durante el primer tiempo allanaron el camino ante un rival caótico y poco trabajado. Las amplias rentas no tardaron en aparecer en el marcador y, en caso de que el Breogán hubiese corregido su ya tradicional relajación, el resultado podría haber sido de escándalo a favor de los visitantes.
Ordín, tocado por una varita mágica, encabezó el arreón del Leche Río ante un rival en el que Taylor demostró que no sirve para jugar de base y en el que Ibaka, una fiera bajo los aros, no olió el balón antes del descanso. Patético planteamiento de un cuadro plagado de potencial de futuro.
Pero en el tercer parcial, la atmósfera se nubló para los lucenses. El acierto en los triples mantuvo a flote la nave celeste ante un adversario en el que Antelo e Ibaka remaban a contracorriente. El juego gallego se descompensó y, a excepción de Davis, todos los jugadores del Leche Río se apuntaron a un concurso de puntería más propio de San Froilán que de un choque de baloncesto.
Susto
En medio de una soporífera deriva breoganista, el Hospitalet limó diferencias por inercia. Los catalanes, bisoños y poco listos a la hora de moverse sobre el parqué, se mostraron incrédulos ante el regalo que les envió el Leche Río. El último cuarto concluyó en una infección de bochorno de los lucenses, que se limitaron a contemplar cómo el cronómetro aniquilaba las opciones de remontada de un contrincante que empieza a desprender un tufillo a LEB Plata.