La falta de puntería impide al Celta subirse al último tren del ascenso

X.R. Castro

VIGO

31 mar 2008 . Actualizado a las 11:56 h.

El Celta pudo darse un festín en el primer tiempo y alimentar su hilo de esperanza, pero su miopía en el remate indultó al Sporting. También pudo perder después víctima de su alarmante, aunque ya clásico, bajón físico en los segundos actos. Terminó empatando el duelo más esperado de la temporada y haciendo que las cuentas de la lechera sean todavía más utópicas. El tren del ascenso no tenía prevista una parada en la mañana de ayer en un Balaídos que recobró vida y fútbol. Una vez más el coliseo vigués resultó una tumba para los locales. Si en Soria entró casi todo, en Vigo Roberto con una actuación prodigiosa se encargó de sellar su portería. Un triunfo en todo el 2008 como anfitrión resulta la mejor explicación para entender la situación celeste.

El primer tiempo fue una sucesión de ocasiones, especialmente en la primera media hora. Un Celta desinhibido, con espacios y con vocación ofensiva anuló por completo a un Sporting con problemas en la cobertura, que se encomendó a Roberto para marcharse con el empate al descanso. El chantadino se tomó cumplida revancha de su adiós de Vigo y regaló paradas de todos los colores. Eso sí, después de un susto inicial tras una apresurada salida que le valió una vaselina de Diego Costa que no entró por centímetros.

Pero en todo lo demás estuvo excelso. Le sacó un balón prodigioso a Costa, triunfó en un mano a mano con el listo Perera, repelió un par de obuses de Núñez -que estuvo a un excelente nivel y le dio sentido a su banda- y se recreó en un cabezazo de Agus por el centro de la portería. Por encima, un agarrón a Perera dentro del área quedo impune.

El primer tiempo demostró también que los sistemas y las tácticas dependen del juego. No salió el Celta con cinco defensas como se esperaba (Agus fue lateral derecho), aunque sí con muchos jugadores de perfil defensivo, y aún así con un juego vertical creó más ocasiones que nunca y apenas dejó resquicio alguno para un Sporting que salvo en un cabezazo de Míchel a balón parado vagó como un alma en pena por el césped de Balaídos durante todo el acto inicial.

El segundo tiempo ya fue otra historia. Hay aspectos como la condición física que ni un estado de aparente relajación pueden arreglar. Cierto es que el Celta volvió a disfrutar de algunas oportunidades meridianas -una de Diego Costa que solo podía desviar Roberto-, pero el partido cambió de color.

Bajón físico

Con el centro del campo celeste fundido y con el equipo demasiado roto el Sporting se hizo con el dominio del balón y del partido sin apenas esfuerzo y a medida que caían los minutos inclinaban la balanza del partido a su favor. Aún con un tiempo en blanco, un par de llegadas estuvieron a punto de dispararle hacia Primera. En ambos Pedro fue el protagonista. En su primera intentona se encontró con un paradón de Esteban después del error defensivo más notable de los locales y en el segundo con un bote tan extraño que el balón acabó en el palo por dentro antes de llegar a las manos del portero.

Hubiese sido un excesivo castigo al juego atrevido del Celta en el primer tiempo y a su empeño a lo largo de toda la contienda, porque incluso con la bombona de oxígeno instalada en todo el equipo y pese a los cambios poco entendibles de Antonio López, los vigueses todavía protagonizaron un arreón final. Primero con un cabezazo de Michu a saque de córner que encontró respuesta en el meta chantadino y muy a última hora con una falta que Peña no supo cabecear a la red y con un par de llegadas de Okkas sin resolución final.

El empate de casi nada sirve al Celta, que solo puede reconfortarse con el buen juego desplegado ante los primeros clasificados, que siguen sin poder superar a los celestes, una cuestión baladí teniendo en cuenta que el triunfo habría dado vida a los vigueses. Y lo más importante, habría ilusionado a una afición que así se tomará el derbi del sábado como una cuestión menor.