Al amistoso entre España e Italia se le recordará por el gol de Villa, marcado en una volea fortísima y espectacular, a un balón despejado de cabeza por Cannavaro hacia el borde del área que el guaje empalmó con la izquierda sin dejar que la pelota tocase el suelo. Es uno de esos goles de los que se hablará durante algún tiempo, como se habla todavía del que Zidane le marcó al Bayer Leverkusen, en la final de la IX Copa de Europa, que ganó el Madrid por 2-1. A los aficionados coruñeses de más edad, seguro que este gol a Italia les recordó alguno de los conseguidos por Chacho, en el desaparecido campo de Riazor, o uno de Herrerita a Portugal, en la inauguración oficial del Estadio de Riazor que terminaría con triunfo de la selección española por 4-2.
Goles como el de Villa ponen de manifiesto la condición de goleador nato que es el joven futbolista asturiano. Terminado el partido, un periodista le preguntó si él mismo no se sorprendió por el gol, y Villa le aclaró que cuando le mete el pie a un balón, siempre espera que termine siendo gol. Este es un auténtico hombre de gol y el mejor delantero centro del fútbol español.