De la vergüenza que muchos celtistas pudieron sentir al ver a su equipo caer ante el Xerez, puede apartarse lo sucedido con Goran Maric. El canterano regresó ayer a Vigo tras levantarse a las cinco de la madrugada para estar, ¡y los 90 minutos!, en la victoria de su equipo en Barreiro ante el Alcorcón.
El canterano viajó de forma inesperada a Jerez. Por primera vez en toda la temporada, entró en una lista dejando el entrenador a un jugador ofensivo de la primera plantilla fuera por decisión técnica. Diego Costa se quedó en Vigo, mientras que el máximo goleador del filial acudía la cita ante el colista de Segunda.
Con anterioridad había tenido minutos ante el Castellón y entrado en la convocatoria frente al Éibar pero siempre los motivos habían estado en las bajas de varios compañeros de ataque -casos de Okkas, Perera o Quincy-. Esta vez iba entre los elegidos con todos sus derechos y se mostraba, antes de partir, radiante por la confianza que habían depositado en sus opciones.
El Celta llegó al descanso en Chapín con el definitivo 1-0 en contra. Para la segunda parte iban a hacer falta cambios para variar la penosa imagen que estaban dando los célticos sobre el terreno de juego. El primero a salir a calentar fue Goran. Salió nada más iniciarse el segundo período y se pasó corriendo la banda, pero por fuera del campo, durante toda la segunda parte. López Caro ni agotó las tres sustituciones para darle una posibilidad. Quizás estaba reservándolo para el filial, pudieron pensar algunos.
Nada más lejos de la realidad. El primer equipo solo pensaba entonces en si mismo. De hecho, ni estaba preparado un viaje de retorno para Maric desde Jerez. Fue el deseo del propio futbolista, su voluntad por no pasarse una jornada en blanco, y la rabia de sentirse inútil la que le movió a hacer todas las gestiones.
Se compró un billete de avión que partía de Jerez a las siete de la mañana hacia Madrid. A las ocho estaba en Barajas y tenía una conexión con Peinador para arribar a Vigo a las once de la mañana. Si todo iba bien, y los habituales retrasos del aeropuerto madrileño no lo impedían, Maric podría llegar a tiempo.
Antes tomar esta iniciativa había conversado con su entrenador Alejandro Menéndez. El técnico le aseguró al chaval que su esfuerzo tendría premio. Nadie le obligó a hacer un esfuerzo que en todo momento, partió de él. Paseaba por la T-4 de Madrid con el chándal del Celta. Entre bromas decía que el calentamiento lo haría dentro del propio avión. No hizo falta porque a las once y cuarto estaba en el campo de Barreiro, y unos minutos después calentando como uno más con el resto de sus compañeros.
Maric jugó los noventa minutos del partido de su equipo y no solo eso, contribuyó activamente a la victoria con la asistencia de cabeza del único gol del partido a Michu. El hispano-serbio se pudo ir feliz a su casa a descansar, con la satisfacción de haber cumplido con su trabajo. Logró su objetivo que era el de «no pasarme una semana en blanco». Por el Celta, y por sí mismo, cumplió como un profesional. Qué cunda el ejemplo.