El temor de Deportivo y Almería al contraataque del rival marcó el planteamiento y el desarrollo de un partido que se ajustó a un guión de lo más previsible, con un respeto excesivo entre dos equipos que tenían clara una cosa: el primero que se desarmase atrás saldría del campo derrotado.
Para evitarlo se afianzaron en defensa con bastantes hombres por detrás del balón y abusaron conscientemente del pase largo, que es la mejor manera de no descolocarse al atacar y de aburrir al espectador. Pero de esta forma neutralizaban la temida contra cada vez que el adversario robaba el esférico.
El Deportivo se sintió cómodo así en Villarreal (hasta el último cuarto del encuentro), por lo que Lotina repitió fórmula: repliegue, no tan intensivo como en El Madrigal, pero con el triple pivote en el centro del campo para atascar el tráfico en la media. Arriba, libertad y espacios para futbolistas rápidos como Guardado, Riki y Adrián López.
En este caso, el planteamiento se justificaba además por la manera de jugar de un Almería que ya dio muestras de sus excelencias a la contra durante su visita a Riazor en la primera vuelta (0-3) y que cuenta con veloces especialistas como Crusat.
Sin embargo, como suele ocurrirle a casi todos los equipos de contraataque, es en casa donde el conjunto andaluz tiene más dificultades para ponerlo en práctica, porque el rival lo espera atrás sin excesivos remilgos mientras el marcador continúa 0-0, y porque antes o después debe arriesgar e ir a por el partido fabricando sus propios espacios en ataque sin aguardar a que los deje el contrario.
Pero el Almería se lo tomó esta vez con mucha calma, no se precipitó y supo esperar su momento de gloria, que llegó con el tiempo casi cumplido. Y contó con la ventaja de un aliado decisivo: la necesidad acuciante del Deportivo. Emery sabía que Lotina tendría que ir a por los tres puntos antes o después, porque los empates poco valen cuando eres el penúltimo clasificado de la Liga.
Error en el minuto 88
El mutuo temor al contragolpe y el planteamiento especulativo de los locales mandaron durante todo el encuentro, por lo que escasearon las ocasiones de gol. Con todo, hubo una excepcional volea de Guardado y un disparo de Riki al larguero que a punto estuvieron de romper el encuentro y su entramado conservador.
Pero no fue así y sobre el público se mantuvo la dura condena de un partido de balón largo y rigor táctico que tuvo otra característica previsible, un peso notable de las jugadas de estrategia. El abuso del pelotazo generó segundas jugadas en las dos áreas, algo que no disgustaba al técnico local, pues el Almería ha logrado a balón parado sus siete últimos goles oficiales, incluido el de ayer frente a un Dépor al que la suerte ha dado la espalda.
Paciente y conformista con el empate, La Unión Deportiva se permitió el lujo de especular en su propio campo hasta el final y, tal y como intuía su entrenador, la oportunidad decisiva se intuía en cualquier contra o a balón parado. Llegó de las dos maneras.
La primera, en una magnífica acción de Negredo que marró Crusat a portería vacía. El catalán se fue al banquillo por ese fallo. La segunda, en una falta a favor del Almería en el minuto 88, con error incluido de los coruñeses. El Deportivo concedió a Juanito una prolongación con la cabeza que nunca debió producirse y que descentró a toda la defensa. La jugada nace además de un contragolpe de los locales que se produce tras un saque de banda a favor de de los de Lotina. ¡Inconcebible!