Un buen entrenador y mejor teórico del baloncesto

J. M. F.

DEPORTES

El entrañable técnico estrena cargo como seleccionador de Brasil.

21 ene 2008 . Actualizado a las 17:47 h.

El impenitente trotamundos emprende otra aventura. Juan Manuel, Moncho , Monsalve (Medina del Campo, 1945) vuelve, otra vez, y lo hace a lo grande. Desde el sábado pasado es el entrenador de Brasil, una selección que últimamente no ha brillado, pero que al abrigo de una buena generación de jugadores busca una plaza en los Juegos Olímpicos de Pekín.

Monsalve inició su extensa trayectoria de los banquillos en el ya lejano 1971 al frente del Mataró, en la entonces Segunda División. Después, Valladolid, Tenerife, Caja de Ronda, Clesa Ferrol, Granollers, Zaragoza, Murcia, Granada, Suiza, Marruecos, Archena, Cantabria...

El entrañable Moncho agradeció a todos su nombramiento. «Es un privilegio dirigir a uno de los mejores equipos del mundo». Posteriormente, y en un rasgo que ha distinguido siempre su trayectoria, se acordó de todos los directivos de la Federación Española, de cuyo gabinete técnico aún es miembro. También confesó que dirigir a Brasil es «el mayor desafío» de su vida, no en vano cuenta con jugadores con pedigrí NBA (Nené Hilario, al que le acaban de extraer un tumor benigno, Barbosa y Marcos Vinicius), además del pívot del Tau Tiago Splitter. Pero si algo distingue a Monsalve es su pasión por un deporte en el que disfruta tanto en la máximo categoría como en la más modesta.

Ex jugador del Real Madrid e internacional con España, Monsalve es el clásico por excelencia del baloncesto español, una voz autorizada como comentarista en los medios de comunicación y el personaje de la canasta con una más amplia leyenda a sus espaldas. No hay personaje, del pasado o del presente, relacionado con el baloncesto del que Moncho no sea capaz de emitir una parrafada coherente, incluso de un tal Kelvin Ator , al que el veterano técnico no identificó con una conocida marca de electrodomésticos y calificó como «un jugador con capacidad de sacrificio y reboteador consistente». Apasionado, no tuvo inconveniente en su día en mostrar al público la pizarra en la que había diseñado la estrategia que sus jugadores destrozaron. «Eso no fue lo que les pedí. Mirad lo que planeé yo», dijo de forma exculpatoria. Correcto en el trato (a él se le atribuye el axioma «buen jugador mejor persona»), no tuvo inconveniente en celebrar la broma cuando, en Ferrol, un jugador que apenas contaba se sentó en el banquillo para tirar a canasta cuando el técnico les pidió que cada uno lanzará «desde su sitio».

Anécdotas al margen, Monsalve es un gran comunicador, el maestro de los clinics y una enciclopedia del baloncesto. Eso sí, un gran teórico al que la fortuna no le ha sonreído cuando se ha sentado en un banquillo. Quizá ahora, con Brasil.