Dos tiempos, dos caras bien distintas de un mismo Deportivo y una explicación que, según el propio Lotina, tiene mucho que ver con el cambio de esquema realizado tras el descanso.
Después de un desastroso primer tiempo, la sospecha era que el equipo no carburaba porque Antonio Tomás y De Guzmán no daban fútbol suficiente para ir a por el partido. Pero con la sustitución de Rubén por Verdú, parece claro que el problema estaba en la mediapunta.
La entrada de un segundo delantero con movilidad dio opciones a los pivotes, y el Dépor encontró los espacios y la salida que no tenía hasta entonces. Llegaron el gol de Coloccini, un zaguero, y ocasiones suficientes para convertir a un equipo ramplón en dominador absoluto del partido, y solo el catastrófico arbitraje de Pérez Burrull privó al Deportivo de la victoria al anular un gol legal de Rubén y no señalar un claro penalti de Ayala a Xisco.
Pero también es verdad que el Deportivo volvió a fallar ante el portero. Pudo cerrar el partido, pero no lo hizo y, al final, con nueve jugadores y medio sobre el césped por la expulsión de Chapi y la lesión de De Guzmán, acabó pidiendo la hora en un final asfixiante que le otorga un punto insuficiente en casa por la preocupante clasificación del equipo.
El Dépor sigue penúltimo, pero ahora a tres puntos de la salvación por la victoria del Murcia ante el Racing de Santander. Por eso Lotina debe reflexionar largo y tendido sobre el primer tiempo, olvidable. Y debe hacerlo sin anestesia. Toca otra dosis de realismo a corazón abierto, porque este Dépor entrará en el quirófano si no gana el domingo en Levante.
A veces la realidad se ve y se interpreta mejor con un poco de perspetiva, así que ahí va una reflexión: ¿Qué pensaría el socio si en verano le cuentan que el equipo va estar penúltimo en diciembre y que se va a jugar la vida con los canteranos Piscu, Chapi y Xisco, y con Antonio Tomás (con ficha del Fabril), Filipe y Rubén entre los destacados, tres futbolistas que Lotina descartó en agosto? Lo más probable es que ni supiese de la existencia de los dos primeros y que considerase todo esto una especie de broma.
Por desgracia no los es. Si Lotina ha recurrido a ellos es porque no hay mucho más. La crisis económica pasa factura en el césped y, por si quedaba alguna duda, el Zaragoza, en horas bajas, ha dejado a la vista durante el primer tiempo las carencias tácticas de este Deportivo.
Cuando el adversario quiso ir a por el partido, apenas encontró oposición en el debilitado conjunto blanquiazul. Tocó el balón con comodidad, lo llevó de banda a banda hasta encontrar los espacios adecuados para lanzar a sus delanteros y, sin nada del otro mundo, mandó en el encuentro con autoridad hasta el descanso.
Respecto a la otra cara del Deportivo, la del segundo tiempo, es preciso aferrarse al exitoso cambio de esquema, una solución que Lotina había desestimado incomprensiblemente, pero que ahora tiene el acierto de rescatar, asumiendo su error, un paso que no suelen dar los entrenadores en Primera División.
Pero hay más. La actitud del Dépor recordó a la exhibida en el Camp Nou durante media hora notable que se debe poner como ejemplo en el vestuario.
El bajón en los diez últimos minutos fue motivado por la expulsión de Chapi y la lesión de De Guzmán. Y no se entiende que el canadiense jugase con molestias todo el segundo tiempo. El infortunio hizo que Xisco se lesionase precisamente cuando el pivote ya no podía más, pero De Guzmán debió renunciar al partido en el descanso.
El problema habría sido bastante más grave si el último disparo del Zaragoza, con Munúa batido, se hubiese alojado en la red en vez de percutir contra el poste con Riazor en agónico silencio.