Aunque los daneses viven el fútbol de forma menos obsesiva y dramática que en España, desde hace días que Aarhus advierte a sus ciudadanos de la gran cita de hoy, una cuestión casi de honor en la que tratan de acabar con la leyenda negra, con el mito de los toros que una y otra vez embisten a los guerreros nórdicos . Banderas de ambos países colorean las pintorescas calles céntricas de la segunda ciudad de Dinamarca, con casi 300.000 habitantes censados.
España se jugará la clasificación en la ciudad más joven de Dinamarca, con 40.000 estudiantes, sede del obispado y principal puerto del país, situado en la costa este de la península de Jutlandia. «No es nuestro feudo habitual, pero la afición es entusiasta y nos animará mucho». Lo dice el sevillista Poulsen, quien regresa al equipo tras cumplir tres partidos de sanción.
Sobre el papel, a la tropa de Luis le conviene que la batalla se dirima en un exilio para lo locales, un lugar que tiene como principal atracción turística la Ciudad Antigua, una colección de viejas casas trasladadas, piedra a piedra, desde diversos lugares de Dinamarca y en cuyas callejuelas se entra directamente en la atmósfera de los cuentos de Hans Christian Andersen.
En el NRGI de Aarhus caben 20.000 espectadores, la mitad que en Copenhague, separados del campo, además, por una pista de atletismo. La UEFA clausuró por cuatro partidos el Parken de Copenhague después de que un aficionado que confesó haber consumido más de 20 cervezas atacase al árbitro alemán Fandel tras pitar un penalti a favor de Suecia.