Marion Jones ya perdió la gloria y las medallas, y pronto no le quedará más que el recuerdo de lo que fue y finalmente decidió ser. Pero resuelto el grueso del espinoso caso Jones, el Comité Olímpico Internacional (COI) tiene ahora por delante un desafío mayor: evitar que uno de los oros de la estadounidense pase a otra atleta con muy mala imagen, la griega Ekaterini Thanou. «El comité disciplinario ya está trabajando en el tema y tendremos una decisión probablemente entre el 10 y el 12 de diciembre», reconoció una portavoz del COI.
La confesión de dopaje de Jones es un golpe y una complicación a la vez, porque ahora hay que redistribuir las medallas (tres de oro y dos de bronce) que había ganado con trampa en Sídney. Y es posible que el oro de los 100 metros lisos quede en manos de Thanou, segunda en aquella carrera y coprotagonista, sólo cuatro años después, del mayor escándalo de los Juegos de Atenas.
La atleta y el velocista Costas Kenteris eludieron pasar un control antidopaje tras simular un accidente de tráfico. Finalmente se descubrió el embuste y fueron suspendidos por dos años. En teoría, la victoria del 2000 debería corresponder a Thanou, pero el COI trabaja para evitar ese golpe a su imagen.
¿Su principal misión? Encontrar los resquicios y la justificación legal para no entregar el oro a la griega. También analizará con exquisito cuidado qué hacer en el caso de los relevos, pues Marion Jones fue bronce en el 4x100 y oro en el 4x400. ¿Debe quitársele las medallas también a sus compañeras? La Federación Internacional de Atletismo estima que todas las integrantes de los relevos deben ser descalificadas, aunque hay dudas acerca de si esta regla, actualmente vigente, puede aplicarse en un caso del 2000.