El vigués José Manuel Costas Soto, que ayer cumplió 30 años, arbitró la segunda parte del Valladolid-Real Madrid
25 sep 2007 . Actualizado a las 20:46 h.José Manuel Costas Soto cumplió ayer 30 años, pero el destino le guardaba el domingo un regalo muy especial. En su primera designación como cuarto árbitro de Primera División el vigués pitó la segunda parte del Valladolid-Real Madrid. «Para mí fue algo anecdótico, no es usual que suceda esto, ni se me pasaba por la cabeza, pero siempre hay que estar mentalizado; nombran cuartos árbitros en todos los partidos y al año pitamos sólo dos o tres veces», explica.
El gallego sustituyó a Eduardo Iturralde González, que se lesionó cuando salía al césped para el calentamiento previo al partido. El colegiado vasco, con más de medio centenar de partidos internacionales, sufrió una contractura en la pierna, pero le vendaron la zona y pudo completar la primera parte. Sin embargo, en el descanso no aguantó más. «Yo deseaba que siguiese; es un buen árbitro, conoce a los jugadores y el partido se estaba poniendo difícil, así que pensaba: ''Ojalá sea capaz de aguantar''», señala sincero Costas Soto, quien afronta su segunda temporada en Segunda B: «Es una categoría exigente, pero en Primera División, además, está la presión de los medios y los futbolistas son más rápidos y de más calidad, aunque las reglas sean las mismas».
Al árbitro vigués su debut en la máxima categoría le dejó buenas sensaciones. «Fue una actuación discreta y los jugadores me facilitaron la labor, creo que salí bien parado», afirma. Antes de saltar al terreno de juego Costas Soto no tuvo que presentarse a los capitanes del Valladolid y del Real Madrid: «Iturralde fue con el delegado federativo a hablar con los delegados de los equipos y no hubo ningún comentario posterior, ellos se dedicaron a jugar y no a fingir ni a protestar».
A pesar del buen regusto que le dejó el encuentro, el gallego asegura que no guarda ningún obsequio. «No le pedí nada a nadie, soy una persona discreta y mi familia y mis amigos saben que no soy capaz de pedir un banderín o una camiseta, aunque supiera que les gustase», indica.
Tradición familiar
José Manuel Costas se convierte en el continuador de una serie familiar de árbitros que alcanza ya la tercera generación. Su abuelo fue colegiado en categoría regional y su padre sigue pitando en partidos de veteranos. «Más que envidia hubo sorpresa, porque Eduardo Iturralde es uno de los árbitros más fuertes en el plano físico del fútbol español y lo cierto es que te joroba que se lesione», asegura. Además, su hermano Emilio José acaba de llegar a la Segunda B. «Él estaba arbitrando en Ponferrada y le llamaron unos compañeros para decirle que yo salía en la tele, que estaba pitando el partido y no se lo creyó, pero cuando lo llamaron otros para decirle lo mismo se paró por el camino para ver el partido», explica entre risas.
El vigués, que el próximo domingo pitará el partido Palencia-Sestao de la sexta jornada de Segunda B, reconoce que su ilusión es ascender a Segunda División: «Lo importante no es hacerlo bien un día, sino mantener una regularidad toda la temporada».