Sergio Toba, el fisio gallego, descubre los entresijos de la concentración de España. Presión, trabajo y felicidad resumen un mes que llevó al baloncesto al primer plano
17 sep 2007 . Actualizado a las 02:20 h.Hemos vivido un verano de sensaciones, trabajo, tensión y estrés.
Todo comenzó en San Fernando. Allí llevamos cinco años cubriendo la primera etapa de preparación de la selección y todo es una maravilla. Por fin nos han puesto aire acondicionado, y allí gozamos de la mayor tranquilidad.
Porque después del primer amistoso con Venezuela llegó una turné brutal. Demasiados viajes en poco tiempo: Logroño, Gijón, Ourense, de donde me llevé un recuerdo especialmente bonito porque nunca había visto tan lleno el Pazo, Valencia, Palma.... Kiko, mi compañero y yo, tuvimos que cargar de todo: material, camillas...
Además, en Logroño comenzó la pesadilla de Juan Carlos Navarro. Allí se lesionó. Y Juan Carlos es un paciente muy especial, que un día se viene arriba y que al siguiente le entran dudas, en especial este año con su reciente fichaje con Memphis. Había un conato de rotura que fuimos tratando de la mejor manera. Dedicándole mucho tiempo y marcando plazos con mucha precaución. De hecho el día de Israel no jugó a petición nuestra.
Además, el tema se hizo especialmente delicado porque Rudy también arrastró molestias durante todo el campeonato y para la selección sería una tragedia no poder contar con los dos que juegan en el mismo puesto.
Cuidados a Pau
A mí me tocaron más de cerca, además de los continuos cuidados a Pau a quien cada día hay que dedicarle más tiempo, que Garbajosa que trabajó más con mi compañeros. Tanto él como el preparador físico hicieron un fabuloso trabajo en San Fernando para recuperarle que yo llegué a pensar que no había servido para nada. Los plazos se agotaban y no había manera de convencer a Toronto. Menos mal que quedaba la baza del seguro. Y aunque no estuviera al 100% Jorge para nosotros es una baza primordial.
Del desarrollo del campeonato debo reconocer que lo de Sevilla llegó a ser agobiante. Siempre se ha tenido como norma que la selección sea accesible para todos, pero la cosa acabó por convertirse en barra libre. Era casi imposible moverse entre la gente que buscaba fotos y autógrafos y a los jugadores le faltaba una tranquilidad que recuperaron a medias en Madrid.
Adiós a la euforia
Pienso que este agobio no tuvo nada que ver con la derrota ante Croacia, que a la postre nos vino muy bien. Se demostró que no era un partido trascendental y sirvió para cortar la sensación de euforia que nos rodeaba a todos.
Vaya por delante que el apoyo del público resultó fundamental. Tanto en Sevilla como en Madrid sales con la piel de gallina al pabellón cuando ves aquella grada entregada, pero esto aumenta tu responsabilidad. En Japón estábamos solos, con la prensa que nos acompaña siempre y vivíamos en nuestra burbuja, pero aquí era imposible. Además de nuestras familias (yo tuve la suerte de estar acompañado por mis padres y mi novia) estaba todo un país entregado y eso es difícil de llevar.
Por eso superar el cruce de cuartos fue una liberación para todos. Si te quedas en la primera eliminatoria habría una sensación de fracaso, pero afortunadamente no fue así y llegamos hasta el final.
Eso sí, a costa del agotamiento, porque jamás en la vida me había encontrado tan cansado. Ha sido un mes viviendo por y para los jugadores de la selección. Durante toda mi vida he tenido por costumbre apagar el teléfono móvil al acostarme, y en esta ocasión lo dejaba encendido todas las noches para que me despertasen los jugadores al día siguiente para comenzar a tratarlos desde primera hora.
Grupo increíble
Todo merece la pena con tal de disfrutar de esta selección. Es un grupo increíble, un equipo de amigos, sin ninguna fisura, y que por encima de todo además juegan de cine. Ya nos han hecho vivir grandes sensaciones en el Mundial y en el Europeo, y por lo menos van a tirar hasta Pekín. Todos ellos quieren ir a los Juegos Olímpicos y hacer algo importante. Después todo apunta a que comenzará la renovación. Pero mientras tanto hay que disfrutar de la plata y descansar. Cuando llegue a Galicia no voy a soltar la cama en unos días.