Pasión choqueira en la calle de la Torre

Javier becerra / maría Vidal A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

Una marea humana vivió en Monte Alto la penúltima jornada del carnaval

09 mar 2011 . Actualizado a las 12:04 h.

El penúltimo día del carnaval coruñés tiene un protagonista claro: el choqueiro. Se trata de ese personaje que se echa a la calle con lo primero que encuentra en el armario y pierde la vergüenza por una jornada. Ayer fueron muchos los que reivindicaron la que se considera la actitud más auténtica del carnaval. Pero muchos más aún los que los acompañaron hasta desbordar totalmente la calle de la Torre y sus aledaños.

Sobre las siete y media de la tarde era tanta la gente que allí se acumulaba que si uno optaba por quedarse quieto corría el riesgo de ser arrollado por la marea. ¿La causa? Quizá el buen tiempo. Quizá las ganas de quitarse de encima el peso de la sempiterna crisis. Quizá el pasarlo bien sin más, quién sabe. Sea lo que sea, lo de la Torre ayer para fotografiar y enmarcar. «Aquí hay más del doble de gente que el año pasado», comentaba un vecino resguardado en uno de los portales. Y sí, no era una exageración: tenía razón.

El plato fuerte se encontraba al lado del colegio Curros Enríquez. Allí, a partir de las ocho, arrancaba el concurso de choqueiros. De camino, el paseante no podía dejar de sonreír. Por las mejores reproducciones de Bob Esponja que se hayan visto durante estos días. Por comprobar como el disfraz de hombre con albornoz, gorro de nadador, chancletas y gafas de sol se está oficializando como trapallada oficial. Por toparse con la brigada del vicio de Monte Alto haciendo redadas antitabaco.

Pero, sobre todo, las risas venían de los choqueiros solitarios que, con todo el morro del mundo, se echaban a la calle travestidos. Por ejemplo, Alvarito, un clásico de la zona que se dejó ver en ropa interior de mujer de color rojo y su generosa barriga al aire seduciendo al personal. También se vieron bizarras sevillanas con gafas de solo y pelos alborotadas, hombres entrados en años con camisones de raso enseñando muslo peludo o caperucitos rojos, muy de andar por casa.

Sobre el escenario, además de Alvarito, desfilaron desde un conjunto de lacón con grelos (con un miembro de chorizo, otro de lacón, otro de grelo y así hasta completar el plato) hasta un quinteto de policías americanos ataviados a lo Village People, pasando por dos fans de Lady Gaga que se marcaron el Alejandro de su estrella.

Abajo risas y más risas, de todas las edades y todos los colores. Igual que el confeti que se pisoteaba en las calles que hoy, inevitablemente, olerán a resaca. Al lado del escenario del Curros, se aparcaba un camión. Era el palco móvil de la banda del ídem que lidera otro clásico de los festejos coruñeses, Gandy. Su rock n? roll puso fin oficial a la jornada. Muchos optaron por seguir y fijar ellos el final. Hoy, seguramente, habrá ojeras y colores de cabeza en más de una oficina.