Los cirujanos cardíacos del Chuac arreglan tres corazones cada día

A CORUÑA

26 abr 2010 . Actualizado a las 11:43 h.

| Cada año, el servicio de Cirugía Cardíaca del Complexo Hospitalario Universitario A Coruña opera a cientos de personas. Son los pacientes que pasan por los quirófanos del edificio central y del Materno que, de no hacerlo, estarían abocados no solo a una pérdida en calidad de vida, sino en cantidad. «La inmensa mayoría de las intervenciones que hacemos son de patologías que solo obedecen transitoriamente a los fármacos, son defectos estructurales coronarios o valvulares que, pronto, sufrirían un deterioro importante: un cardiópata no operado, a medio plazo es un paciente fallecido», resume el responsable del equipo, José Cuenca.

En el 2009 hicieron 749 intervenciones, 115 más que en el 2008. De ellas, 100 fueron infantiles y practicaron 21 trasplantes. Con una estancia media de 7,23 días, el año se cerró además con 2.422 pacientes en consultas externas y la consolidación de programas muy novedosos, que no requieren cirugía abierta, son pioneros en el mapa nacional, y que, además, apuntan a un cambio en la tendencia actual de una especialidad que vive «una segunda revolución». La primera, que significó el nacimiento de la cirugía cardíaca, llegó de la mano de un desarrollo tecnológico, un artilugio adaptado de la industria automovilística que permitió parar el corazón para que los cirujanos pudiesen operar con circulación extracorpórea: la máquina corazón-pulmón.

Biomédica

Ahora, es también el avance de la investigación biomédica el que proporciona nuevas oportunidades quirúrgicas que, basadas en operaciones menos agresivas y que no requieren abrir el pecho, amplían además las posibilidades de intervención en pacientes que, hasta ahora, no podían ser operados porque no resistirían una cirugía mayor, abierta y convencional.

Las nuevas técnicas permiten romper la barrera de los años. Aunque sobre la mesa de operaciones cada vez se encuentran más cuadros mixtos, hasta ahora las cirugías solían tener que ver con problemas coronarios y valvulares. La edad media de los afectados por los primeros se sitúa entre los 65 y los 67 años; en los segundos alcanza los 70. Las nuevas técnicas, cirugías de reemplazo valvular pinchando la punta del corazón sin que deje de latir, les han permitido intervenir a un enfermo de 91 años. Se han tratado ya 46 pacientes con este sistema menos agresivo, la mitad de ellos vía femoral y el resto accediendo por vía apical. Ninguno de ellos podría haber sido operado de forma convencional y su edad media es de 84 años. Hay que tener en cuenta que antes del advenimiento de estas nuevas prácticas, hasta un tercio de los pacientes diagnosticados de estenosis aórtica nunca llegaban al quirófano.

Longevidad

Esta posibilidad, acceder a una población de edad avanzada y con multipatologías que impiden operar a corazón abierto, ofrece así una salida adaptada a una demanda cada vez más añosa y en consonancia con el incremento de la esperanza de vida, sobre todo entre las mujeres, las más longevas. Hace diez años, solo diez, el 80% de los pacientes eran varones, hoy han bajado al 60%. Su espacio lo han ocupado ellas, las que más problemas valvulares sufren, también a consecuencia de que viven más, y las que, por obra y desgracia del colesterol y del tabaco, han adquirido todos los problemas coronarios antes mayoritariamente masculinos.

Los avances de la cirugía mínimamente invasiva conviven además con otra de las grandes revoluciones de las que se beneficia también la cirugía cardíaca, los avances en diagnóstico por imagen que prácticamente han hecho que, en palabras de Cuenca, «el paciente sea transparente».

Desde el punto de vista de los recursos, el equipo coruñés se considera bien dotado, a la espera tan solo de contar con una vieja petición: el corazón artificial. Disponer de un dispositivo de asistencia circulatoria de larga duración, así le denominan los técnicos, es el único escalón que falta para cubrir, sobre todo, la espera mientras no llega un órgano para el trasplante.

El centro cuenta con dispositivos de corto plazo que han salvado ya varias vidas, todas ellas infantiles, y no renuncia a incorporar la posibilidad de ganar más tiempo ante el panorama que, en la actualidad, se presenta en el terreno de los trasplantes: los donantes cada vez son más mayores y en cada vez más ocasiones no resulta viable hacer latir su corazón en otro pecho.

Mientras el programa toca techo, la complicada situación económica ha marcado solo una pausa en tanto no llega el corazón mecánico. Mientras tanto, el hospital se prepara para recibirlo y programa el espacio. El diseño de la nueva planta incorpora unidad de insuficiencia cardíaca avanzada con camas monitorizadas específicamente preparadas para ello. El joven equipo -más de la mitad de sus bisturís están en los 40- trata de conjugar el interés por estar en la avanzadilla de la innovación con las exigencias de una presión asistencial que no puede, ni quiere, esperar por soluciones de vida en las que ya han demostrado estar a la cabeza de España.