Un parador camuflado en el paisaje único de Muxía

A CORUÑA

El proyecto de Alfonso Penela deja todo el protagonismo al paraje de Lourido en el que se ubicará el hotel

02 mar 2010 . Actualizado a las 10:53 h.

En contraste con el ruido que ha generado el parador de Muxía durante su larga gestación, el hotel tiene vocación de discreción absoluta.

Lo dejó claro en su presentación, la semana pasada, el arquitecto encargado del diseño del que será el primer parador de la Costa da Morte: quien manda es el espacio natural, el paisaje que fluye desde las laderas en terrazas de Lourido hasta el mar. El parador nace con vocación de formar parte de esa fluidez, no de imponerse a ella.

La recreación del edificio con la que Alfonso Penela muestra su idea no deja lugar a dudas. La arquitectura nace de la naturaleza y a ella se debe. «La habitación es lo que se ve desde la habitación», apuntó Penela explicando las razones que lo llevaron a presentar su diseño.

Después de casi siete años navegando sin gobierno entre despachos, el proyecto del parador enfila ahora el último tramo antes de convertirse en realidad.

Si todo va bien, las obras podrían salir a contratación antes de fin de año. Costará más de 20 millones de euros, dinero que se enterrará, literalmente, en Lourido, ya que el 75% del edificio quedará oculto en la parcela de 120.000 metros cuadrados situada frente al santuario de A Barca.

Alfonso Penela nunca tuvo dudas sobre el protagonismo del entorno, al que se refiere con exquisita delicadeza y con el afán de dejar claro que su obra no quiere romper nada, sino todo lo contrario, mejorar en lo posible un lugar único. Como un buen puente -defiende el arquitecto- puede mejorar un río.

Aunque el mar es, indiscutiblemente, protagonista en la obra, el autor no se olvida de citar la ladera trabajada en terrazas por la mano del hombre, una tierra culta cuya estructura se mantendrá intacta con la edificación.

Existe, además, un estricto plan de obras para garantizar que durante la construcción el impacto sea mínimo en el entorno. Poco quedará a la vista de quien se acerque a Lourido, pero la vista será la que más disfrute cuando el cliente entre en alguna de las cerca de 90 habitaciones que tendrá el hotel, en el restaurante o en la plaza que se abrirá frente a la entrada.

«Existir sin existir» es una de las premisas de Penela a la hora de enfrentarse a Lourido. El arquitecto, que valora el silencio como componente de la obra, quiere crear un lugar en el que olvidarse de la vida cotidiana. No habrá coches a la vista porque irán ocultos en un aparcamiento subterráneo, no habrá elementos discordantes que rompan el ritmo que impone la naturaleza en Muxía. Una obra silenciosa y discreta diseñada para realzar la belleza de Lourido.