El fútbol es un deporte colectivo que conviene no ver en soledad. Los goles saben distinto si se celebran con abrazos, y las lágrimas se consuelan mucho antes en comunidad. Pero ayer era día de celebraciones. Galicia se sumó a la fiesta con la puesta en escena de varias pantallas gigantes, un ritual que comienza a extenderse en la contemplación de importantes actos deportivos. Las principales ciudades de la comunidad reunieron a varios cientos de hinchas que optaron por vivir en compañía un hecho tan ansiado como el pase de España a la final de una Eurocopa.
A Coruña, en la Barrera
La tarde comenzó tranquila en la calle de la Barrera, en pleno centro de A Coruña, donde la asociación de hosteleros de la zona instaló una pantalla gigante que concentró a cerca de un millar de coruñeses. Algunos problemas técnicos y el reflejo del sol impidieron que el primer tiempo se pudiera ver con nitidez. Los incondicionales de la selección se refugiaron entonces en el interior de los bares para no perder detalle del Rusia-España. «Sé que juega España pero no sé contra quien», confesaba una de las camareras que atendía en el exterior.
El ambiente cambió al comienzo de la segunda parte. Una marea roja inundó la calle. Banderas soviéticas, camisetas de Canadá... cualquier objeto de color rojo era válido para secundar la fiebre. Poco más de cinco minutos de buen juego y cerveza y llegó el primer gol. Una explosión de júbilo. Tras el acabose inicial tras el remate de Xavi, el ambiente se relajó. «¡Vamos!», gritaban los grupos de jóvenes entre abrazos. Los goles de Güiza y Silva tranquilizaron a la hinchada y la fiesta continuó en Cuatro Caminos, donde los más jóvenes, ansiosos por celebrar una gesta que el Deportivo no ofrece desde hace varias temporadas, se mojaron en la fuente en honor de la selección que aspira a batir a Alemania en la final el próximo domingo.
Y Vigo, junto al puerto
Uno de los puntos más concurridos en Vigo fue la Praza da Estrela, situada en las inmediaciones del puerto. Allí, dos pantallas gigantes esperaban a los hinchas de la roja, si bien una de ellas (la orientada al mar) apenas fue útil durante la primera parte por culpa del reflejo del sol. La lesión de David Villa sumió en un silencio el lugar de congregación, al que muchos llegaron a toque de claxon. Pero desde el comienzo del encuentro, las calles viguesas, habituales trampas de embotellamiento, fueron unos viales completamente descongestionados.