Cinco meses para 18.000 kilómetros
22 feb 2011 . Actualizado a las 10:53 h.Las cifras son las siguientes: cinco meses de viaje, 18.000 kilómetros recorridos; once países entre México y Argentina, de norte a sur del continente americano (o trece, se se incluyen los intercambios de autobuses en Honduras y El Salvador, mil anécdotas probablemente el mismo número de fotografías.
Estos números resumen, a grandes rasgos la aventura (de trabajo) que está llevando a cabo el malpicán Alberto Rodríguez Fariña, de 27 años. Es un gran viaje personal, pero también profesional, ya que todas las imágenes que recoge formarán parte de un proyecto más amplio (como mínimo, una web) cuyos detalles aún están por cerrar.
Su diario hispanoamericano comenzó el 27 de octubre pasado, cuando llegó a México desde Londres, donde reside desde hace un tiempo, y adonde volverá el 15 de marzo ya desde Río de Janeiro, antes de dar el salto a Malpica y revisar el material acumulado, que incluye, además de las fotos mexicanas y brasileñas, las tomadas en Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Perú, Bolivia, Argentina, Uruguay y Brasil (los dos últimos son los que están pendientes).
Alberto se marchó a la capital inglesa tras estudiar imagen y sonido en A Coruña. Allí lo aceptaron en el London College of Communication para un posgrado de un año. El trabajo de fin de curso lo realizó en Japón, y más adelante pasarían por India, Nepal y Marruecos. Pero el cuerpo y la inquietud le pedía algo más amplio y de ahí surgió el proyecto de cruzar América.
Prácticamente todo es bueno: «Supongo que toda la experiencia de estar fuera de tu hábitat viajando, saltando de sitio en sitio y hablando con gentes de diferentes es lo mejor. Además, gracias al español puedo entablar conversación con gente todo el tiempo. Por acá son muy curiosos, te preguntan de todo sobre tu vida, te invitan a sus casas, a comer, pasar la noche con sus familia en su casa».
En Sudamérica, añade, se produce «ese fenómeno extraño de la mezcla cultural de la influencia hispana y las culturas indígenas y precolombinas, tan ricas y variadas en idiomas y dialectos, vestimentas e idiosincrasias». Le agrada especialmente «el contacto con gente tan variada y la sensación de libertad y crecimiento personal, eso de que quizás a la vuelta de la esquina te encuentres un personaje que te marcará tu vida en cualquier sentido, saliendo de las rutas turísticas».
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