Los ladrones de chatarra convierten las obras públicas en su propia mina

Juan Ventura Lado Alvela
Juan Ventura Lado CARBALLO/LA VOZ.

CARBALLO

15 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La crisis económica y el repunte del precio de la chatarra ha convertido las infraestructuras públicas, que se encuentran en lugares abiertos y desprotegidos, en terreno abonado para los ladrones de metales que sustraen los bienes para venderlos a las fundiciones.

En lo que llevamos de año se han producido al menos una docena de robos de este tipo, el último ayer de madrugada en la parroquia carballesa de Ardaña. El alcantarillado, de la zona próxima al cruce que conduce a los lugares de Noví y Cesta amaneció sin las tapas de registro. Faltan, según el primer recuento municipal, 17 planchas de fundición metálica, cada una de ellas con un peso superior a 30 kilos y con un coste aproximado de 70 euros.

La infraestructura, como en la mayoría de casos que se producen este tipo de robos, está aún en obras. De hecho, el Concello todavía no la ha recibido y el daño causado revertirá en la empresa constructora. Sin embargo, es un ejemplo más de un bien público afectado por los desaprensivos.

Solo en los polígonos industriales se calcula que los daños causados por los autores de estos hechos superan los 300.000 euros, una cantidad que multiplica varias veces el beneficio que puede reportar lo sustraído en el mercado. Los parques empresariales de Vimianzo y Malpica, que aún no están en funcionamiento, fueron los más castigados por la acción de estos delincuentes, que también actuaron en el de Carballo, donde sustrajeron la maquinaria de siete transformadores eléctricos.

El producto más demandado en esta clase de actividades es el hilo de cobre de las instalaciones, por su alto valor en el mercado, pero los ladrones se han apoderado de otro tipo de materiales, sobre todo hierro y aluminio. Algunos muy difíciles de revender, como los repetidores de la Radio Televisión de Cerceda, que solo se pueden destinar a un uso similar y otros directamente absurdos como la estación de toma de datos del río Castro, en el puente que divide Cee de Muxía, y que casi no tenía componentes metálicos.

En septiembre del 2007, un obrero de una chatarrería del polígono de Bértoa resultó herido al explotarle un proyectil de guerra. El operario lo estaba cortando con el soplete porque tenía una discusión con el vendedor, que lo había obtenido en una finca particular de Ponteceso, para determinar la cantidad de material aprovechable que contenía.

Los tendidos, tanto eléctricos como telefónicos, también son otro de los blancos predilectos porque se pueden encontrar en lugares discretos y alejados de las poblaciones. Además, una vez eliminada la parte plástica -casi siempre con fuego- reportan una cantidad importante de metal. El caso más sangrante se produjo en la parroquia carballesa de Rus en marzo del 2007, donde fueron serrados una veintena de postes para quitarles el cable.

Detenciones

La proliferación de casos también ha venido acompañada de algunas detenciones. La última se produjo esta miércoles de madrugada, cuando la Guardia Civil localizó en la avenida de Fisterra de Arteixo una furgoneta con 25 tubos de acero robados en Paiosaco. El pasado mes de marzo la policía judicial de Carballo apresó a tres vecinos de la localidad acusados de sustraer metales por valor de 6.000 euros en una empresa de Camariñas.

Alberto Silva Barros, Nené, uno de los tres carballeses capturados in fraganti en el repetidor de la tele de Cerceda ingresó en prisión por aquellos hechos y otros cuatro miembros de una misma familia también fueron condenados a la cárcel en febrero por asaltar el punto limpo de Tella en Ponteceso.

Sin embargo, la gran mayoría de este tipo de sucesos nunca llegan a resolverse y los menos acaban en los tribunales.