Los peregrinos queman sus ropas en cualquier lugar, lo que aumenta el riesgo de incendio y degrada el entorno
04 may 2010 . Actualizado a las 11:45 h.La masiva llegada de peregrinos al Cabo Fisterra tiene su cara B, cuyo rostro es más visible a medida que avanza la primavera, pues la afluencia es mayor. Uno de los principales problemas a los que hay que hacer frente es que diversos recovecos de la punta del Cabo son aprovechados para encender fogatas y quemar ahí algunas de las ropas o enseres de la peregrinación, dando cumplimiento al ancestral rito. Ocurre que no vale cualquier lugar. Primero, porque está prohibido. El riesgo de extensión de las llamas y de incendio en el monte bajo es evidente. Segundo, porque existen dos quemaderos habilitados al efecto. Tercero, por la imagen y los inconvenientes que se crean con tanta fogata, sobre todo en los momentos de mayor afluencia (como el sábado por la tarde, sin ir más lejos).
Desde el Concello señalaron ayer que esos dos quemaderos se limpian de manera habitual, y de vez en cuando se hace lo mismo con las piedras que se aprovechan, cubriéndolas además de tierra y hierba. Muchos peregrinos siguen en sus trece pese a las advertencias que les realizan en el albergue. Alguno debería de recordar que fue precisamente una imprudencia de un caminante la que, hace unos años, provocó un fuego considerable en la zona. El alcalde entiende que el rito no puede desaparecer, y por ello aguarda que en el nuevo plan del Cabo se habiliten los lugares apropiados. Por otro lado, defiende que son muy pocos los peregrinos que no se comportan correctamente.
No obstante, los que lo hacen dejan su huella, que no se limita precisamente a las piedras. Una de las dos botas de bronce fue robada en hace ya años, y la que queda, además de muy fotografiada, es habitual parrilla para los menos sensibles. El bronce no durará siempre, como no duró la fuente que había a unos metros y que también hacía las veces de lareira. Con la reforma del entorno ya se quitó.
La entidad ecologista Adega ha terciado en este debate, reclamando «máis sensibilidade» ambiental. Desde la entidad aseguran haber recibido varias quejas al respecto, y no solo por las llamas, sino por la «roupa e os plásticos abandonados». En opinión de los ecologista, estas prácticas causan daños en el paisaje y en el ambiente. «Os distintos costumes de celebrar o remate do Camiño non deberían degradar a contorna e supoñer un risco».
Proponen alternativas de conducta, que condensan en una «guía de boas prácticas» que vale para todo el Camiño. Y para evitar el abandono de ropa vieja y otros elementos propone habilitar más contenedores e incluso donaciones a las oenegés en los que puedan reutilizarse.