«Emigrar non é agradable, pero eu pasei en Chimbote o mellor da miña vida e ao final sínteste máis de alá que de aquí»
CARBALLO
María Arcay Vidal nació en Malpica en 1932. Ella es una de las docenas de vecinos de la localidad que emigraron a Chimbote (Perú) en los años 60.
En 1952 abandonó su tierra, pero antes de llegar a Perú harían otra parada buscando una vida mejor. Ella era redera y su futuro marido, José Novo, llevaba trabajando en la pesca desde que tenía 9 años.
Y la primera escala fue Montevideo, trabajando en el servicio doméstico de la familia Bordaberry -uno de cuyos miembros llegaría a ser dictador en Uruguay- durante un tiempo. Montarían después una pensión, hasta que su marido fue a probar suerte en Chimbote y llamó para que todos se trasladaran con él allí a una vida mejor. Y para ellos lo fue.
Pasaron allí 15 años, tiempo en el que nacieron sus tres hijos. «Foi marabilloso, un sitio onde se gañaba ben, estabas ao lado do mar, como en Malpica, pero sen chuvia e sen frío. Eu fun para unha vida mellor», recuerda.
Lo que más lamenta es que todo aquello se hubiera acabado. «Emigrar non é agradable, pero eu pasei en Chimbote o mellor da miña vida e ao final sínteste máis de alá que de aquí», dice.
En 1970 un terremoto asoló el país. De Chimbote solo quedaron escombros. Regresaron un tiempo a Malpica, pero lo intentaron de nuevo en Perú, esta vez en Lima, donde la familia estuvo otros cinco años. La dictadura de Velasco Alvarado se encargó de rematar lo que el terremoto había iniciado. Desde 1975 viven en Galicia, aunque añora Chimbote.