«Non se debería olvidar que entón marchamos a traballar fóra sen apoio ningún e sen a máis mínima protección»

La Voz

CARBALLO

20 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Plácido Baamil Sambad, natural de Porcar (Cee) cambió su tierra natal por Suiza en 1961. Allí estuvo hasta 1995 con una estancia de un año en Francia en el medio. En su experiencia hubo cosas buenas y malas, pero recuerda que el principio fue especialmente duro, que había un desprecio y un trato difíciles de olvidar

En los 60, la policía suiza se quedaba con la documentación de los emigrantes. «E no consulado tratábannos a paus», recuerda. La vida, cuenta, no era fácil, pero se ganaba algo para poder enviarlo a la familia en Cee.

La emigración gallega en Suiza, recuerda, se fue organizando poco a poco. Él fue uno de los que contribuyó a aquello desde el Centro Galego de Ginebra, promoviendo entre otras cosas la educación musical tradicional, los actos culturales, la enseñanza de los bailes propios. Entre las cosas que más costó conseguir destaca una escuela pública donde poder educar a unos hijos que perdían poco a poco los lazos con la cultura de los padres.

Dejó su tierra a los 18 años y sabe lo que es pasar por momentos duros. Aprendió pronto el francés, lo que suavizó su estancia. Ahora, cuando se habla de los inmigrantes sudamericanos hacinados en pisos en Madrid, recuerda que los gallegos ya saben lo que es eso. «Nun piso de tres habitacións vivían tres matrimonios», cuenta. Entre lo positivo, dice, el respeto en el trabajo y la falta de delincuencia. La experiencia le enseñó también «que non se debería olvidar que entón marchamos sen apoio ningún e sen protección a traballar fóra», dice.