La Costa da Morte ha exportado en 18 meses 90.000 toneladas de madera

CARBALLO

03 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Desde el 17 de abril del pasado año, 32 mercantes han cargado madera de eucalipto en el puerto de Laxe con destino a la principal celulosa de Portugal. En estos 18 meses, los propietarios de montes de la Costa da Morte han suministrado a la industria lusa 90.000 toneladas de madera y las previsiones es que el tráfico se mantendrá, a pesar de que este año la actividad en el muelle comercial se ha reducido considerablemente desde mediados de marzo. El último transporte se está realizando precisamente estos días.

El tráfico marítimo de madera ronda en este ejercicio las 40.000 toneladas, en tanto que en el 2008 se cargaron unas 50.000.

Este negocio, auspiciado por una empresa con sede en Madrid, ha conseguido recuperar la actividad en el muelle comercial de Laxe, que desde mediados del 2003 había perdido toda razón de ser. Transcurrieron cinco años desde la última descarga de atún en Laxe y la estiba del primer barco dedicado al transporte de eucaliptos, el Cedeira, que se llevó a Portugal 2,8 toneladas.

El año pasado este transporte supuso un respiro para la maltrecha economía laxense. La llegada de los barcos animó la localidad, dio trabajo a muchos transportistas de la zona e incluso ayudó a la hostelería, puesto que tanto los estibadores como los transportistas y las tripulaciones pasaron a ser clientes de los bares.

También fue bueno para Portos de Galicia, que cobra las tasas a la empresa que gestiona los traslados, sobre todo por la ocupación del espacio público, puesto que desde hace más de un año la superficie del muelle suele estar llena de madera.

Además, la venta a las celulosas ha servicio para que los productores forestales no hayan notado tanto la crisis económica. La producción de papel, en sus distintas variedades, no se encuentra tan debilitada como la construcción, un sector del que tradicionalmente dependen mucho los madereros, pero que actualmente se encuentra en franco retroceso.

Además, las dificultades casi han coincidido con el decreto por el que han dejado de fabricarse cajas de madera para su uso en los barcos de cerco, lo que era una salida para los aserraderos de la zona.