Los narcos asoman sus malas artes por la Costa da Morte

E. E.

CARBALLO

La última operación policial culminó con la detención de uno de los Lulús

29 ene 2009 . Actualizado a las 10:42 h.

Cuando en la playa de Arnela, en Lourido (Muxía) la Agencia Tributaria recuperó el pasado día 11 de enero un alijo de 4 toneladas de cocaína, muchos se echaron las manos a la cabeza.

Con la droga había caído, además, uno de los Lulús, Andrés García Gesto.

Pero para muchos vecinos de la Costa da Morte ni una cosa ni la otra fueron causa de sorpresa.

En los puertos más apartados de la comarca los marineros ven pasar, de cuando en cuando, planeadoras a toda velocidad. Lanchas largas, sin folio, cargadas de motores con muchos caballos y cargadas, seguramente, de muchas más cosas.

En los recovecos de las entradas rocosas de Fisterra, Muxía o Cee los hay que saben incluso donde se esconden las planeadoras cuando sus tripulantes consideran que hay peligro.

En cierto modo, que la Costa da Morte se había convertido en puerta de entrada de grandes cantidades de droga con destino a Europa, era algo que estaba casi asumido.

Desde los sindicatos de vigilancia aduanera llevan años pidiendo más medios. La verdad, en la comarca hay más bien pocos y no hay ni un solo aparato capaz de competir con los miles de caballos de las rebeldes planeadoras. También piden la colaboración de las asociaciones antidroga. Pero los medios siguen sin llegar.

El pasado día 11 de enero hubo más suerte. Los narcos fueron pillados con las manos en la masa, en pleno trasiego de cuatro toneladas de cocaína, Ni más ni menos. El helicóptero de la DAVA los puso en fuga. La ayuda por tierra no llegó a tiempo para coger a la banda. Pero al menos caería uno de los que presuntamente se dedicaban al negocio, Andrés García Gesto, que descansa en A Lama sin fianza.

La operación, explica la Policía Nacional, siguió un día después de su detención y otro vecino de Arousa conocido como El Parido y acusado de suministrar lanchas rápidas y material a los narcos acabó en el mismo lugar que el segundo de los Lulús. Se escondía, explican los agentes, detrás del armario de su habitación cuando fueron a por él.

Desde entonces la Policía Nacional ha realizado siete registros más y ha intervenido numeroso material. Las potentes embarcaciones encontradas listas para navegar, seguramente, tenían en sus cascos restos de salitre de las aguas que bañan la Costa da Morte.