Rodrigo Corrales: «Empecé tarde, pero a tiempo»

DEPORTES

El portero del PSG de balonmano y de la selección española ya destacaba de niño por su estatura; siente admiración por los marineros y sueña con los Juegos

23 oct 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Es un tipo educado, amable y muy hablador. Cuando camina por la calle no pasa desapercibido. Mueve su cuerpo de más de dos metros con la soltura y los reflejos de quien se pone debajo de la portería de balonmano de la selección española y del Paris Saint Germain, al que llegó el pasado verano. Rodrigo Corrales (Cangas, 1991) es hoy por hoy el nombre propio del balonmano gallego, aunque estar en el Olimpo de los elegidos le cueste a menudo el peaje de la morriña. Con quince años se marchó al Barcelona, luego se fogueó en Huesca y se forjó un nombre en Polonia, donde comenzó a derribar las puertas de la selección española. Ahora es París la ciudad en la que el cangués quiere dar el último estirón.

-¿Cómo era de pequeño Rodrigo Corrales?

-¡Alto! (Risas). Creo que era un niño bastante educado, no era travieso. De hecho, era un poquito gordito y muy feo. Ni a mi amigo Pepe Camiña -uno de los causantes de que se adentrase en el balonmano- ni a mí nos gustaban ni los coches, ni los petardos, ni esas cosas de niños… Íbamos a casa de Pepe y hacíamos programas de radio, de risas. Éramos buenos chavales y recuerdo que con 12 años nos llevaron a la Granollers Cup y no la liamos mucho.

-Siendo alto ya destacaría lo suyo.

-Era más alto que el resto, pero es que ahora soy mucho más alto que el resto (risas). Cuando salí de aquí podía medir 1,90, ahora mido dos metros.

-Y con esa estatura, ¿nadie intentó enrolarlo para un equipo de básquet?

-De pequeño jugaba de todo. A lo que más jugué era al fútbol, en verano hacía piragüismo, baloncesto o lo que me cuadrara. En fútbol era más o menos bueno de portero, pero nunca sabré si habría llegado a algo.

-¿Y cómo llegó al balonmano?

-Con once o doce años. Me cambié de cole y allí había balonmano, probé y fuimos a un campeonato escolar. Al año siguiente, en sexto de primaria, me puse con el club, con el Balonmán Cangas. Yo en fútbol jugaba de portero porque como todos eran más pequeñitos, yo llegaba, no era que fuera mejor o peor, solo que yo llegaba (risas). Cuando comencé en el balonmano me dijeron: ‘tienes que ser lateral’, yo les dije, ‘no, yo soy portero, a mí no me pongas a correr ni nada, yo soy portero’.

-¿Y qué tenía el balonmano?

-Pues que me llevaba bien con mis amigos, viajábamos todos los fines de semana y nos reíamos. Era chulísimo. En fútbol jugaba siempre en Cangas, en balonmano tenía a mis amigos y nos llevaban por ahí, así que me fui con ellos. Empecé tarde, pero a tiempo.

-Es hijo de marinero. ¿Eso marca?

-Hijo de marinero, nieto de marinero y sobrino de marinero. Mi abuelo fue deportista, de traineras. En el 61 creo que fue campeón de España con Tirán, creo que me gustan las traineras por eso. En mi familia eran marineros y, para mí, marca. Cuando eres pequeño aceptas que la gente esté un largo período de tiempo fuera, pero cuando eres adulto lo ves como algo muy heavy. No he visto un trabajo en el que sacrifiques tanta vida -quizás la mina- y no en las mejores condiciones. A la gente del mar les tengo un respeto absoluto. Que una persona, por querer que su familia prospere, se vaya tantos meses… Sobre todo antes, ahora quizás tienes más elección, pero antes con doce años te tocaba. Yo no podría estar ni quince días. Cuando voy a buscar a mi primo y entro en el barco, veo que en el camarote ni quepo.

-Entonces, si el balonmano no se hubiese cruzado en su vida, difícilmente se habría encaminado al mar.

-Visto desde mi perspectiva de hoy, imposible. Lo veo muy sacrificado. Lo haría por necesidad, pero no por vocación. Los admiro demasiado, me parece durísimo.

-Volviendo a la pista, ya lleva unos cuantos partidos a cuestas. ¿Cuál ha sido el más especial?

-Haber debutado con la selección y haber hecho un buen partido en un Mundial te libera. Una cosa es llegar y otra mantenerse, y el hecho de haber ayudado al equipo fue importante.

-En su estreno en un Mundial se llevó el MVP. ¿Qué significa ese reloj que le regalaron por ser el mejor?

-Pues que has ayudado a tu equipo, que lo has hecho bien y que has ganado. Bueno, y luego la broma de los relojes, (risas) que te dan uno.

En corto

Rodrigo Corrales lleva media vida lejos de Cangas y eso le ha permitido conocer nuevos lugares, culturas y también idiomas. Habla siete. «Bien hablados, castellano, gallego, catalán e inglés, y bastante bien hablados, portugués, polaco y francés».

-Una ciudad para vivir.

-No para toda la vida, pero me fascina Tokio. Estuve allí de vacaciones el año pasado y me haría una ilusión tremenda volver para las Olimpiadas. Cambiaría muchísimas cosas por ir a unos Juegos. Ese es mi gran sueño.

-Tarea del hogar favorita y la más odiada.

-Lo que menos me gusta es planchar y la que más, hacer la colada, poner la lavadora.

-Una película.

-Invictus.

-Una serie.

-Suits, Narcos, y seguro que ahora será Fariña, me encantó el libro.

-Un disco.

-Algo de Coldplay, pero me gustan muchos.

-¿Y un concierto?

-Pues el de Coldplay o el de Oasis en Barcelona, que luego ya se separaron.

-Una comida.

-Nécoras.

-¿Cuál es el plato que mejor cocina?

-No tengo nivel, pero en Polonia cocinaba mucho salmón.

-Un libro.

-El último que leí fue el de Pablo Escobar, mi padre, y el Open, de Agassi.

-Un dibujo animado.

-El Xabarín Club, que los incluye a todos. ¡Me encantaba!

-¿Y un superhéroe?

-Doraemon. ¡Imagínate, se podía sacar del bolsillo absolutamente todo!.