El Concello ordenó el derribo de la estructura, que llevaba en pie 18 años
12 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Dos coches de policía aparcados en las márgenes de la carretera en Deán hacían presagiar, ayer a media mañana, que algo importante estaba ocurriendo en esta aldea de Ribeira. Efectivamente, así era. Los agentes municipales se desplazaron a la zona para revestir de seguridad el derribo de la estructura de una obra. Se trataba de un esqueleto de cemento que se levantó hace 18 años con todos los permisos municipales. Sin embargo, posteriormente, y a raíz de la denuncia de una vecina, la licencia fue anulada por la Justicia, con lo que no quedaba otra que demoler. Ayer se empezó, por orden y a cargo del Concello, con esa tarea, dinamitando primero los pilares de la estructura.
Sobre las once, en la zona trabajaban varias personas -estaban técnicos municipales y policías-. Primero colocaron explosivos para intentar que la edificación se viniese abajo. Minutos después, tras una gran detonación, efectivamente, los pilares que sujetan el inmueble se rompieron. Como si la estructura quisiese resistir, apenas sufrió daño. Ya por la tarde, y tras oírse otro fuerte estruendo, voló la parte de arriba. Decían los técnicos municipales desplazados a la zona que «estaba muy bien hecha, por eso no se cayó así como así». Posiblemente, ahora haya que utilizar excavadoras para retirar todos los escombros y acabar de demoler la construcción. A última hora de ayer los propietarios aún no sabían cómo se iban a acometer estos trabajos.
Larga y espinosa lucha
Mientras los técnicos hacían su trabajo, dos personas no podían reprimir las lágrimas. Se trataba de las hermanas Mari Luz y Sandra Gómez, hijas del matrimonio propietario de la edificación. Ambas explicaban, con numerosos documentos en mano, cómo ocurrieron los hechos. Indicaron que sus padres, hace ahora unos 18 años, «invirtieron todo lo que tenían ahorrado en comprar un terrenito y empezar a hacer una casa». Los progenitores consiguieron los pertinentes permisos municipales y se pusieron manos a la obra.
Pese a tener licencia municipal, fueron denunciados. Ganaron dos sentencias. Pero los problemas vinieron cuando la persona denunciante fue contra el Concello, ya que la Justicia le dio la razón. El Ayuntamiento recurrió hasta donde pudo, pero no hubo manera de arreglar las cosas porque la Justicia entiende que la casa no da hacia una vía pública, sino hacia un camino de servidumbre, y que ahí no puede haber una vivienda.
Mientras los trámites judiciales iban avanzando, los padres de Mari Luz y Sandra decidieron no volver a mover un ladrillo jamás. Y, por tanto, no llegaron a terminar la casa. Ahora que llegó el derribo, ambas hermanas manifestaban: «Quizás si siguiesen adelante y esta fuese nuestra vivienda jamás nos la tirarían, pero quisieron ir por lo legal, sufrieron muchísimo y ahora se lo tiran».