«Muros no tiene término medio, o te quedas o te vas»

J.?M. Sande

BARBANZA

José Luis González, argentino hijo de gallegos, reside con su madre en la villa muradana desde diciembre de 1990.

22 ene 2010 . Actualizado a las 13:21 h.

Se define como una persona inquieta que odia todo aquello que tenga que ver con la rutina o la monotonía. Admite que es un trotamundos del mercado laboral. Aunque tiene la titulación oficial de engrasador en la marina mercante, ocupó un sinfín de puestos de trabajo, desde la hostelería hasta la carpintería, pasando por la jardinería o de marinero de bajura. Por desgracia, y como le ocurre a 784 muradanos, José Luis González Redondo lleva desde el mes de noviembre en el paro.

José Luis nació en 1964 en la localidad de Quilmes, en la provincia de Buenos Aires, conocida en el mundo por la firma cervecera del mismo nombre. Como otros gallegos -su madre es de Muros y su padre de Vilaxoán-, sus progenitores se vieron forzados a emigrar para ganarse la vida, pero siempre tuvieron apego a sus raíces.

La primera visita a la villa muradana la realizó cuando apenas contaba con cinco años de edad. Su estancia fue de todo menos desapercibida. Un día, junto a otros cuatro amigos de entre cinco y ocho años, cogió un bote y se puso a remar hacia un islote cercano a Muros «a coger conejos». La noche se les vino encima y no sabían cómo regresar. Pusieron rumbo a la villa pero se desorientaron por la falta de visibilidad. Por suerte, un marinero les vio partir hacia la isla y puso en alerta a la flota muradana, que salió en su totalidad en busca de los chavales. Al final, un barco los localizó cuando el bote ya salía de la ría a la altura de monte Louro: «Fue una experiencia inolvidable aunque hoy no lo haría ni loco, pero con cinco años uno no es consciente de los peligros que corre. Eso sí, al día siguiente recuerdo que salimos en todos los medios de comunicación».

Contraste

José Luis residía en Quilmes, pero siempre que podía pasaba sus vacaciones en casa de sus familiares muradanos. Hasta que un día decidió venirse con sus padres. Corría el mes de diciembre de 1990. Tenía 16 años. Su adaptación a esta nueva vida no fue complicada, pero sí notó el contraste de pasar de residir en una localidad de 300.000 habitantes, con todo el bullicio que eso conlleva, a otra que apenas superaba por aquel entonces los 10.000. «Aquí nos conocemos todos, vas por la calle y saludas a todo el mundo y eso convierte a esta villa en una especie de gran familia». Eso sí, recalcó que «Muros no tiene término medio, o te quedas o te vas». Él prefirió quedarse.

El motivo argumentado por este argentino -al que los amigos y familiares llaman Pibe- para residir en Muros fue la tranquilidad que ofrece sus calles y el trato amable de sus gentes. También valora que todo esté a mano: «En apenas 800 metros tienes todo lo necesario para vivir sin tener que coger el coche ni sufrir los interminables atascos que hay en Argentina».

Sin alternativa laboral

Sin embargo, José Luis González echa en falta un fuerte tejido empresarial en la localidad que logre asentar la población en el municipio: «Aquí se vive solo del mar, no hay alternativa laboral para los jóvenes muradanos, muchos de ellos se han visto en la obligación de buscarse la vida fuera de casa». Y añadió: «Yo haría lo mismo, pero mi madre tiene 81 años y no puedo dejarla sola en estos momentos».

Para este argentino «lo peor de todo es que las perspectivas de futuro no son nada alentadoras que se diga». Según él, el paro seguirá haciendo mella en Muros «por la falta de sectores productivos».

José Luis González se considera un amante del deporte. Sin duda, el motociclismo es su gran pasión. En Milladoiro tiene una Vespa de 200 centímetros cúbicos y motor de dos tiempos importada de Italia que compró su padre. «Cuando puedo la cojo y doy una vuelta en ella para matar el gusanillo», dice. Como buen argentino, también siente predilección por el fútbol. Su corazón se divide entre el Celta y el Boca Juniors, sin olvidarse del equipo de su tierra, el Quilmes.

González Redondo reconoce que la comida gallega no es precisamente su fuerte. «Como buen argentino prefiero la carne; el pescado y el marismo no son santos de mi devoción, prefiero el asado, que es como ustedes denominan aquí al churrasco».

Este muradano reconoce que siente nostalgia de su país. De hecho, no pudo volver a Quilmes desde que se afincó en Muros: «Extraño mucho a la familia y a los amigos que dejé allí y la verdad es que tengo ganas de reencontrarme con ellos».

Aún así, José Luis González Redondo reconoce que la vida en su país no está resultando fácil en los últimos tiempos debido a los graves problemas económicos, financieros y de seguridad ciudadana que viene sufriendo Argentina.