Los profesionales reconocen que la situación es más grave que lo previsto cuando estalló el conflicto
03 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El valor de una batea es uno de los secretos mejor guardados en el ámbito mejillonero. Las cifras varían en función de dónde se ubican las plataformas flotantes, pero O Grove y Aguiño son las millas de oro de la costa gallega. Antes de que estallase el último conflicto -el 4 de agosto del 2008- un artilugio podía costar entre los 360.000 (Cabo de Cruz) y el millón de euros (O Grove). Pero las cosas parecen haber cambiado en el último año. Según varios profesionales consultados, el precio medio cayó, por término medio, un 30% en lo que va de ejercicio.
«Tengo un amigo que vendió antes del conflicto su batea por unos 600.000 euros en A Pobra; hoy no le hubiesen dado más de 450.000», apuntó el dirigente de un colectivo arousano. Su testimonio fue corroborado por un compañero de profesión de Vilagarcía. «Hay gente que quiere desprenderse de sus plataformas porque no quieren seguir desarrollando la actividad. De hecho, son varios los autónomos consultados los que aseveraron que los tablones de anuncios de las principales agrupaciones de mejilloneros de la ría están plagados de notas en las que se ofrecen bateas «a precios sensiblemente inferiores a los de hace dos o tres años», relató un autónomo pobrense.
El mecanismo para hacer la transacción es el siguiente. Una vez que se llega a un acuerdo económico y de plazos entre ambas partes, el comprador solicita a la Consellería do Mar el traspaso de los derechos de la concesión, a su nombre o al de una sociedad, antes de ir a un notario, firmar el cambio de titularidad y hacer frente a la cantidad pactada.
Las causas que explican este aumento en la venta de bateas en la ría arousana son de dos tipos. Por un lado, la caída en la rentabilidad del mejillón, que se redujo en torno al 30% en los últimos doce meses. El segundo aspecto al que aluden los profesionales es la incertidumbre existente en el sector sobre el futuro a corto y medio plazo para los cerca de 2.000 propietarios censados en las rías de Arousa y Muros-Noia.
Interés
El creciente interés por desprenderse de las concesiones no tiene que ver únicamente con la crisis económica que sufre el país desde hace dos años. «Períodos de dificultades siempre los hubo, pero se salió adelante», apuntó el directivo de una entidad de la zona sur de la ría, quien añadió: «El problema es la falta de un proyecto de futuro estable para este ámbito que hace que numerosos productores se planteen abandonar esta actividad empresarial».
En este sentido, los bateeiros entrevistados hacen hincapié en que los números rojos empiezan a aflorar en el ámbito. «No solo es una cuestión de caídas en las ventas, sino que, además, los retrasos en los pagos son más que evidentes. Hay clientes que imponen unas condiciones de pago que alcanzan los diez meses y conozco a algunos compañeros que llevan un año sin ver un euro de las ventas realizadas. Sin embargo, los salarios, la compra del material, el gasoil del barco y otros costes productivos hay que asumirlos al momento, por lo que el grado de descapitalización es evidente», analizó un profesional de Rianxo.