La finca de las calabazas gigantes

Xoán R. Alvite

BARBANZA

Dos agricultores de Mazaricos tienen en su huerta una pieza de 100 kilogramos de peso y otras dos de unos 80

03 nov 2009 . Actualizado a las 11:43 h.

La finca de las calabazas gigantes, este podría ser el título de una de esas películas de serie b tan propias de estas fechas de Samaín en el país del Halloween, que es donde se ruedan este tipo de filmes. Esta cinematográfica huerta, situada en la aldea mazaricana de Eirón, no tendría más relevancia ni protagonismo que cualquier otra de no ser por la capacidad que tiene para dar productos de gran tamaño y, en concreto, calabazas.

Tanto es así que en este momento hay sobre la superficie de la finca tres de estos frutos, el mayor de los cuales supera los 100 kilos de peso y los 220 centímetros de diámetro. Los otros dos, aunque ligeramente más pequeños, le van a la zaga y su propietario, Isolino Carnota Campos, les calcula entre 70 y 80 kilos. «É difícil de saber canto pesan porque aínda están medrando. A folla das calabaceiras está moi verde e mentres esta non seque o froito continúa medrando», apunta el orgulloso agricultor, quien dice no conocer el porqué del desarrollo desmesurado de sus calabazas.

Inexplicable

«Como non sexa polo esterco que lle botamos non teño explicación. Para nós foi unha sorpresa porque o certo é que coidados especiais non tiveron, abono químico non levaron e, incluso, a semente da que naceron era das correntes, ata nin me acordo onde a comprei», precisa.

Su esposa, Manuela Mouro, apunta, por su parte, al cariño como única explicación para lograr frutos de semejante tamaño. «Nós agora estamos xubilados e temos tempo para andar na horta e dedicarlle moito tempo a todas estas historias. Cando as cousas se fan con tempo e cariño o resultado adoita ser sempre mellor, e este pode ser un deses casos. Con tantas atencións, o froito medra máis», comenta, no sin cierta ironía, la aficionada agricultora mazaricana.

La actual es la segunda cosecha de calabazas que cultiva este matrimonio en su terreno. Comenzaron con esta afición tras su retorno de Suiza, donde estuvieron emigrados casi cuatro décadas. Sin embargo, como ellos mismos precisan, en la primera cosecha no lograron, ni de lejos, la calidad de la presente. «Máis ou menos fixemos o mesmo que desta vez, pero non medraron nin a metade. Misterios da natureza», matizan ambos mazaricanos.