Unos cien mariscadores vigilarán a diario las playas de la comarca

J.?M. Jamardo

BARBANZA

Las agrupaciones y cofradías tienen que echar mano de los socios para evitar que les roben el bivalvo

31 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La llegada del verano es sinónimo de descanso para unos y más trabajo para otros. Es el caso de los mariscadores barbanzanos, pues la mayoría de las cofradías dejan zonas para extraer bivalvo y aprovechar la demanda de la época estival. Sin embargo, el buen tiempo provoca la presencia de miles de bañistas y algunos de ellos se dedican a mariscar de forma ilegal. Ante esta situación, los productores organizan grupos de vigilantes para evitar que se lleven su trabajo. Cada día, unas cien personas se encargan de controlar las playas para reducir, en la medida de lo posible, la acción de los furtivos.

El patrón mayor de Noia, Santiago Cruz, señaló que ellos se han visto obligados a adelantar las labores de vigilancia varias semanas, pues ya comenzaron los mariscadores a bajar a las playas hace unos diez días.

La causa de esta iniciativa está, según el dirigente, en que han detectado a un grupo de furtivos de la localidad que están cogiendo marisco en sus concesiones. «Son xente sen traballo e algún que outro toxicómano», dijo Cruz, que reconoció un incremento del furtivismo en las últimas semanas que «hai que atallar o antes posible e evitar que vaia a maiores».

Todos los días se encargan de las labores de control doce personas divididas en grupos. Desde el pósito se hace mención también a la importante ayuda que reciben por parte de la Guardia Civil que «sempre están dispostos a colaborar cando os chamamos».

Profesionales

La Cofradía de Palmeira es una de las más pequeñas de Barbanza en cuanto a metros de concesiones se refiere. Sin embargo, sus playas también son frecuentadas por los ilegales y por bañistas que quieren comer marisco gratis. Grupos de cuatro personas bajan a diario a los arenales para evitar el furtivismo.

Daniel Formoso, responsable del pósito muradano, es consciente de que en los últimos años el furtivismo aumentó de forma considerable.

Una de las armas de la agrupación de mariscadores es la presencia a pie de playa. En turnos de ocho personas por día, se encargan de patear los arenales para disuadir a los más osados de que se lleven parte de su trabajo y de su sustento. Aunque de momento no comenzaron los controles, en dos semanas se podrán manos a la obra para evitar la actuación de los ilegales en sus concesiones.

Los responsables de las cofradías y de las agrupaciones de productores indican que son miles de kilos de bivalvo los que se llevan los ilegales de las playas todos los años, especialmente los furtivos que son verdaderos profesionales pero también bañistas que tan solo bajan a los arenales a coger marisco para comer en casa.