La excavación en el castro de Porto Baixo ribeirense no continuó y ahora la duna cubre todo el asentamiento
16 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Las madres suelen decir frases sabias. Y una de las que utilizan a menudo es aquella que dice que no hace más el que limpia a fondo y se olvida de mantener todo en orden que el que solo friega a medias pero tampoco ensucia demasiado. Sin embargo, ese aprendizaje de la sabiduría popular no lo deben de tener claro las Administraciones. Al menos, aquellas que deben velar por la conservación del patrimonio en la comarca. El estado de abandono de varios yacimientos es evidente pese a que, en los últimos años, recibieron subvenciones. Sobran ejemplos que lo demuestren, como el Castelo da Lúa, el castro de Porto Baixo en Ribeira o, incluso, el asentamiento de Neixón.
Empezando por el final, en el castro boirense de Neixón el problema es bien fácil de explicar. Este verano, como los anteriores, un equipo de arqueólogos y los participantes en un campo de trabajo pasaron la temporada estival excavando en el asentamiento. Sin embargo, cuando acabaron su tarea no se llevaron a ninguna parte la tierra sobrante, es decir, el escombro. Así, a mediados de septiembre, quien visita Neixón se encuentra con montones y montones de sedimentos apilados junto a las milenarias piedras.
La historia tiene su intríngulis si se tiene en cuenta que, el año pasado -en este ejercicio aún no se sabe cuánto se va a pagar- este tipo de trabajos arqueológicos le costaron a las arcas municipales algo más de 70.000 euros. Y si se añade que, si ahora el problema son los escombros, antes de que comenzase el verano lo era el hecho de que la hierba llevaba meses sin cortarse en el yacimiento. De todos modos, el alcalde, Xosé Deira, indicó ayer que de las tareas de recogida de los montones se encargará el Concello, ya que también lo hizo en años anteriores.
Desaparecido al 100%
Pese a la situación de Neixón, ojalá el castro de Porto Baixo, ubicado en Ribeira, estuviese en su misma tesitura. ¿Por qué? En el 2004, Xunta y Concello decidieron hacer un esfuerzo y cofinanciaron una primera fase de excavaciones, que sirvieron a los especialista para determinar que el asentamiento estuvo ocupado de los siglos dos al cuatro antes de Cristo. Sin embargo, casi un lustro después de esos trabajos, la falta de conservación ha abocado a las milenarias piedras a desaparecer bajo la duna. Se trata, por tanto, de un trozo del patrimonio que está bajo tierra y que no es visible a los ojos de los visitantes.
Y, como en Porto Baixo, en varios petroglifos de Rianxo los esfuerzos inversores de la Xunta de Galicia se están yendo al garete por falta de conservación. Amén de lo que sucede con el Castelo da Lúa, con las obras a medio camino desde hace tiempo, los accesos para visitar los recientemente restaurados petroglifos de A Fosa da Vella y Os Mouchos son totalmente impracticables. Aún así, y dado su atractivo, este año hubo turistas que se metieron entre los tojos para intentar encontrar las reliquias. Quizás, alguno de los excursionistas se quedaría con la boca abierta si supiese que, a finales del año 2007, la Consellería de Cultura se dejó 120.000 euros en los yacimientos arqueológicos rianxeiros.