La argamasa está desapareciendo en al menos cinco tramos de los muros que sustentan la estructura
20 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Han pasado ya trece años desde que Vilagarcía estrenó el paseo marítimo que une la playa de A Concha con Carril. Y el tiempo transcurrido comienza a hacerse notar en la intervención que, sin duda, más ha influido en la actual definición urbana de la capital arousana. Tanto, que el mar está socavando los muros sobre los que se levanta la estructura en su trazado carrilexo. El desgaste es especialmente intenso en la punta de Portugalete, en el tramo previo a la explanada de la lonja. La argamasa que antes unía las piezas de granito ha desaparecido de la base de la construcción, dejando a la vista un hueco que se antoja peligroso para la estabilidad del conjunto.
Portugalete es, probablemente, el punto más afectado por este fenómeno. Pero no es el único. Con la marea baja, un paseo hacia la playa de A Covacha desvela más huecos en los muros. El desgaste se aprecia en al menos cinco tramos. En la zona situada enfrente del hotel Carril, por ejemplo, el mortero de varias piedras se ha esfumado. Conscientes de este hecho, los responsables del Concello se han puesto ya en contacto con la Dirección General de Costas, dependiente del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, el departamento que financió y ejecutó el paseo marítimo. Así lo explica el concejal de Xestión do Territorio, Marcelino Abuín. «Temos detectado que, efectivamente, hai varios puntos nos que se presentan problemas e queremos que Costas examine o estado do paseo para solucionalos».
Cuando se acometa, la reparación de los socavones será la actuación más importante que se lleve a cabo en este espacio desde su inauguración, en 1997. Costas hizo realidad el paseo de Vilagarcía gracias a una inversión de 1,95 millones de euros. La empresa Ferrovial fue la que se encargó de desarrollar los trabajos, que se prolongaron a lo largo de dos años. En realidad, el diseño inicial nunca pudo ejecutarse en su integridad, al negarse los propietarios de las viviendas del barrio de la Prosperidad a ceder el espacio necesario para la apertura de un carril-bici. Años después, los tribunales dieron la razón al Concello en su empeño por disponer de esta superficie. Ravella, sin embargo, optó entonces por no forzar su expropiación.