Cuando en una reunión el runrún de las disputas se ha disparado, intentar acallarlas con un chillido solo consigue elevar aún más el griterío. Es lo que le ha ocurrido a Rajoy, que ha tardado tanto tiempo en tomar medidas que su desistimiento ha avivado las rebeliones internas hasta un nivel de inquina que ahora resulta difícil sofocarlas.
El desplante de Aguirre el día que el líder popular había señalado públicamente como el de la demostración de su autoridad es la prueba fehaciente de que la guerra es a muerte y de que Rajoy no conseguirá la paz interna mientras la presidenta del PP madrileño siga en su puesto. Porque aunque carezca de apoyos fuera de su comunidad, sí tiene capacidad para generar un ruido mediático que desgaste al líder y mine críticamente su autoridad. Y eso sin contar que el caso Gürtel aún puede reventar en cualquier momento el acuerdo hilvanado en Valencia.