Dos mil madres y padres van a puntos de encuentro para recoger a sus hijos

Casi 900 menores tienen que acudir en Galicia a estos lugares neutrales para reunirse con sus progenitores

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M. S.
a coruña / redacción / la voz

Hay 875 niños y niñas en Galicia que para ver a sus padres tienen que pasar antes por un punto de encuentro familiar (PEF). Se trata de menores cuyos progenitores no se pueden ver delante o, por lo que fuera, no pueden estar cerca el uno del otro. En esos casos, la administración les cede un lugar neutro para que puedan intercambiarse a los hijos sin tener el más mínimo contacto entre ellos. Esos sitios se llaman puntos de encuentro, hay siete en Galicia y dos mil adultos los utilizaron el año pasado para cumplir el régimen de visitas. Entre ellos, los padres biológicos del pequeño Javier. Su asesinato a manos, presuntamente, de su progenitor ha abierto el debate social, jurídico y político sobre la conveniencia de restringir o impedir las visitas de los padres maltratadores y, de paso, ha puesto el foco sobre estos puntos de encuentro.

Quien tiene la custodia, acude con su hijo a cualquiera de esos siete edificios media hora antes de que aparezca la expareja y lo deja allí al cuidado de especialistas. Luego llega la otra parte para llevarse al menor el fin de semana, un día o un mes, según cada caso.

Solo las siete grandes ciudades gallegas cuentan con este servicio dependiente de la Xunta. Los que viven en el resto del territorio, han de viajar al punto que le quede más cercano. El de Vigo es el más utilizado, pues a sus dependencias acudieron el año pasado 203 menores, 204 padres y 265 madres. Le sigue Santiago, con 173 niños y 386 adultos. Por número de usuarios, les siguen Ferrol (136 menores y 245 progenitores), A Coruña (125 niños y 244 adultos), Pontevedra (107 y 307), Ourense (73 y 129) y Lugo (58 y 126).

Esos puntos de encuentro no solo nacieron para las entregas y recogidas de niños en cumplimiento del régimen de visitas pactado tras la separación. También se hicieron para aquellos progenitores que por su peligrosidad o riesgo -personas con enfermedades psiquiátricas o algún tipo de patología o adición- no pueden permanecer a solas con sus hijos. En estos casos, personal de la administración o familiares están presentes en todo momento. A esto se le llaman visitas tuteladas, en donde el padre solo puede hablar, abrazar o besar a sus hijos en presencia de una tercera persona. En el 2016, en los 7 puntos de encuentro gallegos se produjeron 3.626 visitas de este tipo. Los niños llegan de la mano de uno de sus progenitores para ver al otro; las visitas duran un máximo de dos horas, si bien la duración depende de la situación, ya que puede haber madres que tengan que dar el pecho al bebé, o simplemente el niño sea muy pequeño, o se canse en la visita.

Existe otra posibilidad. Las visitas supervisadas. En estos casos, los progenitores pueden estar con sus vástagos sin nadie cerca, pero tampoco sin salir del recinto. Esos encuentros no van más allá de las cuatro paredes del edificio autonómico. El año pasado se registraron 4.952 visitas de este tipo en Galicia.

¿Quién determina que el régimen de visitas se ha de cumplir en un punto de encuentro? Un juez, una parte o ambas. Tras una separación o divorcio, puede ocurrir que el magistrado estime que en la relación de un menor con su padre o madre no hay garantías adecuadas para hacer las visitas. Las razones pueden ser diferentes, por ejemplo, que haya un elevado nivel de conflicto entre las partes -porque no llegan a acuerdo, o porque ha existido violencia de género-. En esos casos, el juez -a petición de fiscalía, de una de las partes o de mutuo acuerdo-, solicita que intervenga el PEF.

Asociaciones de mujeres exigen que se subsanen cuanto antes los fallos del régimen de visitas

Las asociaciones de apoyo a las víctimas de violencia machista tienen claro que ningún niño puede volver a morir a manos de sus padres como supuestamente ocurrió con Javier, y por ello reclaman que se subsanen los fallos del régimen de visitas en los casos de separaciones conflictivas. Avanza sin miedo, asociación creada recientemente con el fin de proteger a menores víctimas de violencia machista, incide en este punto: «Parece que los jueces y fiscales no se dan cuenta de que están jugando con un tema delicado como es la vida y el desarrollo de un niño», decía el viernes en Madrid su presidenta, Patricia Fernández Montero, quien destacaba la necesidad de «subsanar los fallos del sistema para que ningún niño muera a manos de un maltratador».

La Rede de Mulleres contra os Malos Tratos va más allá y defiende que «a un maltratador nunca se lle debe deixar un fillo». Para la coordinadora de este colectivo, Rosa Fontaíña, un maltratador maltrata también a sus hijos, y por eso cuando hay una sentencia y una orden de alejamiento de su pareja, debe haber también una orden de alejamiento de sus hijos. El problema, apunta, no es que la ley sea mala, sino que no se cumple, y en este sentido reclama que se aplique el estatuto de la víctima, que desde hace unos meses recoge que los niños sean tratados como víctimas, igual que sus madres.

Para Ana Saavedra, presidenta de la asociación Mirabal, se trata de un tema «complicado» porque cada caso es diferente, pero sí cree que se podrían mejorar muchas cosas. Por ejemplo, «no existen puntos de encuentro», un servicio del que solo disponen en Galicia las siete ciudades. A veces, dice, el juez recurre a familiares para que ejerzan esa función y sean quienes se encarguen de llevar a los niños con su padre y con su madre para cumplir el régimen de visitas. A juicio de este colectivo, debería haber más puntos de encuentro.

Otra de las cuestiones que critica Saavedra es que un maltratador tenga que autorizar que un psicólogo examine a sus hijos.

Para la presidenta de Mirabal, la educación y la información son esenciales. «Habría que hacer campañas de divulgación, sobre todo en el ámbito rural, porque a veces las víctimas no saben lo que implica una orden de alejamiento o cómo hacer si llegan tarde al punto de encuentro, o dicen 'no voy a Servicios Sociales porque me quitan a mis hijos'».

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