Se ofrece balcón con vistas al Papa

Nacho Mirás SANTIAGO/LA VOZ.

SANTIAGO

La ingeniería oportunista se dispara en el recorrido que seguirá la comitiva de Benedicto XVI el próximo 6 de noviembre; pero no todo el mundo ve ventajas

26 oct 2010 . Actualizado a las 21:08 h.

¿Le interesa un balcón con vistas al Papa para el próximo 6 de noviembre? ¿Pagaría veinte euros por una plaza en el balcón de la imagen que acompaña esta crónica? Pues puede hacerlo, porque la familia que regenta el bar Sende, en Lavacolla, está dispuesta a ceder su visión privilegiada sobre la comitiva vaticana, a centímetros del papamóvil.

«¿E non caberán seis persoas no balcón?», pregunta el hijo del dueño.

-Apretadas... ¿E canto podería sacar?

-Non sei... ¿Vinte euros cada un? Tiñamos que ver de poñer un anuncio.

La iniciativa puede parecer descabellada, pero es una más en la tormenta de ideas de ingeniería financiera de urgencia que se están poniendo en marcha con motivo de la llegada de Benedicto XVI. El que más y el que menos quiere sacar del acontecimiento algo más que beneplácito espiritual, y el fenicio que casi todos llevamos dentro sale a relucir.

Cuenta Paquita, la propietaria del Claudio de Lavacolla, rotulado como Supermercado Mouriño, que un hostelero de Santiago quiso alquilar a cualquier precio su almacén para el día 6. «Dixo que me daba o que pedira, que quería vender bocadillos. Contesteille que Sanidade non permitía iso».

A lo largo de la última etapa del Camino Francés a Santiago se percibe un runrún interesado -nadie discute que sea legítimo tal interés-, como de calderilla en el aire; poco espiritual y muy material, en cualquier caso. Saliendo del aeropuerto, el primer local de hostelería por el que cruzará la comitiva es Casa Lorenzo. Fernando, su encargado, dice que el personal realizará ese día turno normal, sin despliegues extraordinarios: dos atendiendo al público y cuatro en cocina. «Quizás habrá que hacer algún bocadillo más, pero no va a ser ninguna panacea. Creo que tendremos más movimiento el domingo, cuando la gente coja los aviones para marcharse». Eso sí, por lo pronto, la policía ya les ha pedido una lista de las personas que trabajarán ese día y de las matrículas de sus coches. Seguridad, pura seguridad.

Fernando cuenta que en el Ruta Jacobea -sus propietarios también lo son de Casa Lorenzo- está todo reservado desde hace dos meses.

Trabajarán fuerte los establecimientos que están en el mismo núcleo de Lavacolla, alrededor del palco de la música. En el Botana dicen que un grupo de cien personas ha contratado sus servicios para ese día. Tienen el comedor reservado, eso sí, con televisión para seguir a la comitiva desde que el Papa descienda del avión y poder salir a la puerta justo cuando esté llegando. «Falouse de poñer unha carpa, de ampliar a terraza, pero non sabemos ao final como se fará», explican.

A pocos metros, el responsable de La Concha dice que todavía tiene habitaciones libres para esas fechas, pero que no aceptará reservas hasta dos días antes. Y entonces sí, como en bolsa, serán para el mejor postor, no le duelen prendas en decirlo. «Din os vellos que hai que limpar cando non fai aire; cando fai aire non paga a pena», resume, filosófico, el hostelero.

También al pie de la carretera, y sentada en un banco, la señora Encarnación le pide a Dios «saudiña» para poder ver pasar a Benedicto XVI como vio a Juan Pablo II. Ni a ella ni a las mujeres que la acompañan se les ha pasado por la cabeza alquilar sus ventanas o sus sillas para el acontecimiento. Confían en que todo salga bien y desconfían, si acaso, de los que creen que en un día se harán de oro.