Narcís Julià, actual técnico del Girona, fue el segundo de Víctor Fernández desde que el entrenador maño abandonó el Celta y le acompañó en el Betis, Oporto y Zaragoza
04 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Narcís Julià fue mi segundo entrenador desde que dejé el Celta hace siete años. Me acompañó en las experiencias en el Betis, Oporto y en nuestro regreso juntos a Zaragoza. Llega al cargo de primer entrenador con mucho oficio. Conoce perfectamente este juego porque lo ha vivido como futbolista, como director deportivo -del propio Girona en Segunda B-, técnico ayudante y hasta entrenador con la base. Lo ha vivido en todas las categorías y eso le permite conocer el mundo del fútbol en todos los estratos.
En cuanto a su perfil psicológico puedo decir que es una persona serena, analítica, muy ordenada y muy metódica. Tiene un carácter tranquilo. Julià fue jugador del Zaragoza en mi primera etapa en el banquillo maño. Por aquel entonces llegó a ser internacional con España en la sub-21. Una grave lesión de rodilla truncó una carrera que se presumía muy brillante como jugador a un alto nivel.
A nivel técnico es lógico que se identifique conmigo porque ha trabajado a mi lado, y además yo lo entrené. Respeta mucho la pelota, y le gustan los jugadores de calidad y con creatividad. Le gusta la organización en defensa, porque él fue defensa central, y en ese aspecto va a incidir bastante. Intenta conseguir un ritmo alto de juego, y en función de los futbolistas que tenga, que tratará de tener los adecuados, apostará por un 4-4-2 como sistema táctico.
No tengo muchos argumentos aún para valorar al Girona porque solo les vi en el 4-0 ante el Cádiz. Ese partido les resultó muy fácil porque en pocos minutos marcaron todos los goles. Se veía que en tan poco tiempo ya ha logrado un equipo plantado y con mucha motivación. Pero más que una valoración subjetiva ahí están los datos estadísticos que demuestran que desde que ha llegado este bloque ha reaccionado inmediatamente y ha encadenado una serie de resultados muy favorables.
Estoy convencido de que su sello y su mano se están notando. No lo veo como un discípulo aventajado. Ha coincidido conmigo en una etapa de su vida conmigo y sé que por preparación es un técnico dispuesto para cualquier desafío. Llegar en el fútbol al triunfo depende de muchos factores: de la suerte, de llegar en el momento adecuado al equipo, de sentirse respaldado o no. De lo que conozco de él tiene capacidad para lo que se proponga. A los ayudantes los elige siempre el técnico. Cuando no me he separado de él durante tantos años significa que evidentemente me sumaba.