El deporte nocturno da positivo

VIGO

El portal Youtube difunde en Internet vídeos del botellón de Vigo que muestran alcoholismo, exhibicionismo y mucha extravagancia; la normalidad no se graba.

16 dic 2008 . Actualizado a las 10:59 h.

En su intentos de quitarse los pantalones, está a punto de acabar en el suelo tantas veces que cualquiera diría que al chaval de Montero Ríos le sobra alguna gota de alcohol. Cuando consigue desvestirse, se zambulle en una de las pequeñas fuentes rectangulares que hay en la calle peatonal donde, para mantenerse en forma, nada un par de largos en la plenitud de sus calzoncillos. Se levanta y sus colegas lo jalean a rabiar mientras le tiran unos aperitivos salados, como en el zoo. Él acaba obsequiando a su enfervorecido público bajándose la última prenda que le quedaba. La escena la ven más de 12.000 personas.

Internet ofrece un sinnúmero de escenas del botellón de Vigo, ahora prohibido por un papel. El portal Youtube, el sitio con más audiencia que permite colgar vídeos en la Red, muestra exhibicionismo, vandalismo, extravagancias, suciedad y ruido. El botellón es mucho más. Quienes lo defienden dicen que es una práctica social, un modo de socializarse, de estar con los amigos, de divertirse; y de ahorrar. Los que cuelgan vídeos en Internet no saben nada de eso. Sí, hay uno que sí.

Azuzado por alguna que otra copa, el chico de la perilla se lanza a definir el botellón: «Mira, amigo, el fenómeno del botellón es un fenómeno que favorece la comunicación entre las personas y que da lugar a usar la socialización ante... entre las tribus de lomia, que diferen, que ridefen, de los diferentes pueblos, estados y naciones del planeta». A veces su cerebro va más rápido de lo que su lengua le permite correr, así que empieza a acelerar hasta pegar las sílabas: «Y me parece estupendo que haya botellón porque favorece lo que es una clase creativa, la creatividad de los pueblos, la creatividad de las personas y favorece», cada vez más rápido, «la integrador, la integración en la gente», mucho más rápido, «por eso este mensaje se lo mando», ya se atropella, «a la escuela de ingenieros de telemunicaciones (sic) de Vigo». Ahí queda eso.

«¡Botellón, deportivo! ¡Botellón, deportivo!». Cada sílaba suena como un cañonazo: «¡¡Bo-te-llón, de-por-ti-vo!!», claman decenas de gargantas. Es noche cerrada y los jóvenes no pierden su ánimo reivindicativo. Quieren que se les permita hacer deporte cuando salen, a las dos, a las tres, a las cuatro de la madrugada. De momento, cubren sus necesidades de la forma casera. En Joaquín Loriga, esa perpendicular de la calle Ecuador que se ha convertido en la calle del ruido, la imaginación brota a borbotones. Un joven coloca una tabla de madera sobre las escaleras, salta encima y la plancha se desliza como si fuera snowboard. Muchos otros también prueban suerte, siempre alentados por los gritos de sus compañeros de juerga y, sobre todo, por la presencia de la cámara.

Uno sitúa una valla de obra de color amarillo en las escaleras. «El casco, ¡ponte el casco!», exhorta un amigo responsable. Y él hace caso: mete la cabeza en una bolsa de plástico que antes había portado botellas. Ahora son decenas las gargantas que jalean. El tipo llega abajo vivo, se levanta y levanta los brazos triunfante, gozándolo. Más de 1.600 personas lo han visto.

Hay otros que se atreven con la modalidad experta. La tabla está colocada en las escaleras y cuatro chicos se montan. Miran a un lado y a otro, estudiando cómo conseguir descender sin dejarse la vida en ello. Es lo que se llama un deporte de riesgo. Pero un compañero avispado pone la solución: mientras los otros cuatro analizan los riesgos de la tabla, este la inclina lo suficiente como para que empiece a bajar las escaleras. Dos segundos y dos escalones más abajo, los cuatro jóvenes se revuelcan por el suelo llevándose las manos a sus cabezas y doliéndose del golpe que acaban de recibir. Pero se levantan y siguen estoicamente con lo suyo. Los goles de la pelea. Al deporte de la bebida se dan también en la plaza de la Estrella, cuando surge una pelea. Pero alguien cercano al que la graba está más preocupado por lo suyo que por los puñetazos. «¡Míralo, míralo, pumba! ¡Eh! ¡Mi botella!». «¡Gol en Las Gaunas!», sigue comentando.

Un chaval ha hecho demasiado deporte. Mira a la cámara y confiesa entre arrepentido y resignado: «Esto es lo que te pasa cuando no comes en todo el día y bebes mucho alcohol». Cuando termina su confidencia, sigue con lo que estaba haciendo, que es meterse un dedo en la boca para provocarse el vómito. Para náusea del espectador, lo consigue.