El lado patriarcal de Diego Costa

VIGO

El futbolista del Celta acogió en su casa de Vigo a su primo Tiago, al que aconseja para que obtenga la nacionalidad y al que busca equipo tras debutar en el Gondomar

02 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

No hay nada mejor que una familia bien avenida. El hogar de Diego Costa desprende aroma a fútbol. Sobre el plasma, el satélite reproduce el programa líder de la televisión brasileña en materia deportiva, una ventana abierta a su país desde donde sigue las evoluciones de la competición y vibra con los goles del Corinthians. Junto a él, a escasos centímetros de un largo sofá, su primo Tiago Timaico sigue atentamente los goles de la jornada.

A primera vista, Tiago parece más joven que Diego. Sin embargo, este delantero espigado que recalaba en el Gondomar hace unos meses ya ha cumplido los veinte. El celeste los alcanzará el próximo mes de octubre. El destino, pero sobre todo la insistencia de Diego, le ha traído hasta aquí. «Hizo unas pruebas en Portugal, pero tuvo un problema con la documentación y las cosas no salieron bien porque la inscripción ya se había cerrado, así que lo llamé y le dije que se viniera para aquí que yo le buscaba equipo para acabar la temporada». Y así comenzó su historia en el cuadro de Regional Preferente.

Mientras Diego explica su labor de agente, Tiago le mira con los ojos bien abiertos, intentando captar su esfuerzo por desenvolverse en castellano, y se muestra agradecido. «Mi primo me hizo un gran favor, para mí fue una ayuda enorme porque en Portugal me encontraba bastante solo». El padre de Diego y la madre de Tiago son hermanos de sangre. Ambos se criaron juntos en Brasil, antes de que Diego partiera hacia Europa para buscar un futuro mejor. «Cuando éramos pequeños jugábamos en el patio de casa de mi abuelo, siempre nos retábamos para ver cuál de los dos era mejor», recuerda el jugador del Celta.

El registro de Tiago, con un Gondomar que ya ha perdido la categoría, es alentador. Lleva anotados diez goles en solo doce partidos. Su destreza en el campo choca con su situación administrativa. «Las cosas para mí son complicadas porque no tengo pasaporte comunitario, solo puedo jugar en Tercera división». De esa barrera se hace eco también Diego. «En nuestra familia no hay posibilidad de conseguirle papeles, no tenemos piel blanquita, no hay ningún italiano, así que ya le digo que se case con una españolita, de hecho hay una que le gusta, con la que suele darse besitos y es bastante guapa, así que ya le comenté que se venga a vivir con nosotros». Tiago niega con la cabeza en medio de una carcajada incontenida. «No es mi novia», suelta en un esforzado castellano.

Espíritu brasileño

El espíritu brasileño, cargado de optimismo y sentido del humor les permite sobrellevar una temporada que ha sido difícil para ambos. «Las cosas nos fueron bastante mal, no podemos bajar la cabeza, tenemos jugadores de calidad pero nos hacen un gol y es como que nos bloqueamos, nos quedamos parados en el campo y no funcionamos como equipo», analiza Tiago. «Para nosotros tampoco fue un año fácil, había cosas fuera del campo que no estaban bien y eso afectó al equipo, no llegamos a coger una línea de juego nunca», sigue Diego. Los dos están pendientes de su futuro la próxima temporada.

Tiago sabe que no continuará en Gondomar. «Las cosas en el equipo no salieron bien, y para el año tendré que buscarme otro equipo porque aquí no puedo seguir». El celeste tampoco tiene claro dónde jugará la próxima campaña. «Ahora tengo que ver qué va a pasar con mi futuro, si voy a quedarme aquí o no, lo que está claro es que tengo que hacer las cosas mucho mejor que en ésta». Pase lo que pase, Diego promete volver a ejercer de representante. «Si al final me quedo en Vigo yo quiero que él siga aquí conmigo, en mi casa, así que voy a hablar con algunas personas para buscarle un equipo mejor».

Sin embargo, Costa no sabe todavía si su destino estará en en el Celta. Una vez concluya su cesión, el club debería negociar con el Atlético de Madrid si está interesado en su continuidad. «Me gusta mucho Vigo, tiene la playa, además en Madrid yo no estaba en mi casa, vivía en un hotel; tambíen la gente me gusta más aquí, es más abierta y comunicativa». Tiago, sin despegar la vista ni un segundo, asiente al deseo de Costa. «Ojalá pudiese jugar en el Celta conmigo». Para eso, el improvisado representante, mucho tendría que negociar. Aunque, en el fútbol, nunca se sabe.