La fortaleza física y mental del Celta ha patinado durante toda esta campaña en los tramos finales de sus partidos. El conjunto vigués ha dejado escapar 21 puntos en esta Liga en el último tercio de sus encuentros. Tras ver como le levantaban un 0-1 en Tarragona, Antonio López recordó que esto les ha sucedido con demasiada frecuencia en esta temporada.
Ponerse por delante en el marcador a falta de quince minutos, no es sinónimo de victoria para los vigueses. De hecho, ya en la primera jornada de Liga ante el Córdoba experimentó su primera decepción. Marcó en el minuto 84 de partido pero tres minutos después Arthuro puso la igualada definitiva. Dos puntos que volaron.
En esos tres primeros partidos con Hristo Stoichkov, estos síntomas de debilidad fueron constantes. En la segunda jornada en Castellón, vencía por 0-1 pero Arana empató e Ibón Gutiérrez a dos minutos del final puso el triunfo del lado albinegro. En la tercera semana, el Éibar se llevó de Balaídos los tres puntos con un gol de Zurutuza a nueve minutos de la conclusión.
El cambio de entrenador, no varió las malas artes del equipo vigués. Con López Caro ya antes de la debacle de la segunda vuelta se vieron marcadores que se estropeaban ante el Numancia, Racing y Cádiz. Desde que empezó el 2008 la cuesta abajo fue aún más pronunciada. Al varapalo de Ipurúa, le siguió aquel penalti que Canobbio falló en Las Palmas en el último suspiro tras hacérselo repetir el colegiado, o la remontada del Elche en Vigo tras verse con dos goles de ventaja.
Para que todos los técnicos que han pasado por el cuadro celeste tuviesen su ración de desazón, a Antonio López también le ha tocado vivir esta experiencia. Primero con la derrota en A Malata, tras haber empatado el partido, y el pasado sábado con un revés definitivo que apartó al Celta de que cualquier esperanza matemática de seguir luchando por el ascenso. Mucho dramatismo para un conjunto que ha vivido instalado en la depresión.