Frialdad en el reencuentro de Giovanella con su ex equipo

J. V.

VIGO

10 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Era de esperar un reencuentro más emotivo entre el Celta y Giovanella, pero la frialdad caracterizó el ambiente, tanto a nivel institucional como deportivo.

El Celta nunca le dio la oportunidad al brasileño de despedirse dignamente de la afición de Balaídos, que siempre le ha tenido mucho cariño, después del asunto de su sanción por presunto dopaje, y ayer ni siquiera desde el club céltico hubo algún detalle con un futbolista que siempre lo ha dado todo durante las siete temporadas que defendió su escudo.

Por O Vao no se vio ni siquiera a algún directivo representativo del club que pudiese escenificar un acto de hermandad con los de Coruxo, que llevan varias temporadas haciendo un gran trabajo y buscando el asalto a la Segunda División B.

Giovanella estuvo en el terreno de juego durante 66 minutos y cuando fue sustituido el único que le saludó fue Okkas. Sin embargo, el brasileño dio muestra de la caballerosidad que siempre le ha caracterizado dirigiéndose al banquillo del Celta a saludar uno a uno a sus integrantes desde el cuerpo técnico a los jugadores.

En el terreno de juego se vio que el que tuvo, retuvo y dio muestras del buen jugador que ha sido mientras le aguantó el depósito de gasolina.

También era el reencuentro de Javier Maté, ahora entrenador del Coruxo, con el club en que ha estado veinticinco años. El técnico charló con algunos amigos como José Luis Mosquera, segundo entrenador del Celta, pero en el terreno de juego el único que se dirigió a él, cuando se retiraba, fue Jonathan Vila, a quien ayudó mucho Maté cuando militaba en las categorías inferiores en A Madroa.