El calvario de Borja Oubiña en Birmingham

X.R. Castro

DEPORTES

La falta de medios para completar la recuperación y el interés de los ingleses por ahorrar han obligado a Oubiña a aceptar un acuerdo forzoso para rescindir el contrato

12 feb 2008 . Actualizado a las 18:33 h.

La flema inglesa no existe en Birmingham. Al menos en el equipo representativo de su ciudad y con Borja Oubiña. Cierto es que las dos partes acordaron rescindir el contrato, pero al vigués no le quedó más elección que aceptar un acuerdo forzoso. Desde su lesión los ingleses apostaron por la teoría del ahorro en contraposición con la calidad futbolística del céltico.

Por eso mientras Borja se pasaba horas y horas en el gimnasio de A Madroa o en la piscina intentando ponerse a punto cuanto antes, en Birmingham pergeñaban un plan para ahorrar unas libras. Especialmente desde que el entrenador Steve Bruce, que era su valedor, decidió marchar del club con todo su equipo.

Con el cambio de dirección técnica todo comenzó a enmarañarse. Primero intentaron renegociar las condiciones del contrato con el equipo vigués (que tenía pactado un millón de euros por la cesión) y después incluso atacaron al mismo jugador en idéntico sentido. A Borja se lo insinuaron, pero a Lito Míguez, su representante, se lo comentaron con todas las letras.

Por encima del dinero aparece en este caso el modus operandi del club en materia de recuperación de lesiones de sus futbolistas. Aunque parezca de ficción es el punto negro de la Premier. El Birmingham no tiene ni de lejos la infraestructura material y humana del Celta, y por encima la filosofía es anacrónica. Si el equipo descansa miércoles y domingo, los lesionados no entrenan. Si hacen una sola sesión, los tocados igual. Incluso para una rotura de fibras el primer diagnóstico son diez días de reposo.

Por eso, cuando a mediados de enero a instancias del club Borja dejó A Madroa para dirigirse a Birmingham, el propio galeno del club inglés le comentó que era mejor que regresase a Vigo, emitiendo un informe en ese sentido al equipo, que no pasó por esas.

Obcecados con la cuestión monetaria, a cambio de apurar su recuperación para volver a jugar, el vigués recibió un ultimátum que incluía que tenía que entrenar con el resto de sus compañeros sin un plan específico.

Llegado este punto a Oubiña solo le quedaba el camino de la rescisión. Aceptar una rebaja en sus emolumentos a cambio de poder recuperar su rodilla en las mejores condiciones para mirar el futuro con optimismo. A veces ceder se convierte en una victoria.