Una pillería de Dani acaba con la imbatibilidad del Celta de Caro

Juan Villar

VIGO

17 dic 2007 . Actualizado a las 17:11 h.

El Celta topó con su piedra más odiada, el delantero Dani, que acabó con la posibilidad del equipo vigués de engancharse a los puestos de ascenso y al mismo tiempo con la racha de imbatibilidad de López Caro, que se quedó en nueve partidos. Una pillería de dicho futbolista desequilibró el envite.

En unos primeros minutos de respeto mutuo, con ambos equipos más preocupados de mantener el orden defensivo que de crear juego, lo más destacable fueron las apariciones de Canobbio, con sus continuos movimientos entre líneas: el uruguayo provocó primero una falta que él mismo sacó sin encontrar un rematador claro, poco después intentó un zurdazo lejano que encontró bien colocado al meta Contreras y la ocasión más clara fue una combinación con Perera que le devolvió el cuero a Canobbio, quien se plantó en boca de gol donde no está claro si se trastabilló él mismo cuando iba a rematar o fue Raúl López quien lo tiró al suelo.

El Cádiz fue haciéndose dueño del balón, pero sufría para encontrar conductos hacia el área de Pinto. La vía más recurrente, y que más inseguridad mostraba en el Celta eran las caídas de Lucas Lobos hacia la banda de Roberto Lago donde junto a Enrique consiguieron superioridad y profundidad para enviar peligrosos centros. La mayoría eran altos y ahí la seguridad de Lequi y Rubén ofrecía garantías, pero el primero que mandó Lobos a media altura logró rematarlo Dani en la primera oportunidad gaditana.

El Celta tuvo cada vez menos presencia en la mitad del terreno defendida por los amarillos, una dinámica peligrosa que acabó llevando de nuevo el miedo a la portería viguesa con una acción a balón parado que tras varios rechaces acabó en la bota de Dani, que hizo lo más difícil: mandar la pelota fuera.

El primer tiempo concluyó sin que ninguno de los equipos consiguiese apropiarse del ritmo del partido. Fueron mayores los robos de balón de dos defensas pobladas que las acciones con criterio.

En un duelo tan equilibrado la balanza sólo podía inclinarse hacia al lado del más paciente, del más concentrado. Buscaban más no cometer errores que la amenaza al área contraria. Había más miedo perder que ambición de ganar.

La peor noticia para el Celta fue que no aparecía su futbolista más en forma, Quincy. Hizo un amago al poco tiempo de comenzar el segundo tiempo en una contra que decidió de forma demasiado individual rematando a las manos del portero.

La entrada de Gustavo

El entrenador del Cádiz fue el primero en intentar romper el equilibrio reinante al introducir en el terreno de juego a un motivado Gustavo López y un jugador de calidad en el centro como Líbero Parri.

Los amarillos pusieron una marcha más, avanzaron algunos metros sus líneas y empezaron a asediar a Pinto. Acabaron provocando el error que podía acabar con la igualada: un defectuoso despeje de Rubén permitió que Dani cabecease a placer al fondo de la red con Pinto fuera de la portería.

Este gol despertó de su letargo a los celestes, que tras el descanso se habían adormecido ligeramente. Una vez más tocaba remontar y lo mejor es que el equipo de López Caro nunca pierde la fe en sí mismo. El empate llegó muy pronto con un lanzamiento de golpe franco a cargo de Canobbio que desvía ligeramente con su cabeza Perera.

Con el partido desmelenado llegó la jugada clave del envite. El jugador más odiado en Balaídos, el bético Dani, le quitó disimuladamente con su mano el balón que tenía agarrado Pinto en el área pequeña y puso en ventaja a su equipo. Aunque las pillerías forman parte del juego, desde luego que futbolistas así no le hacen ningún favor al espectáculo, porque es muy difícil que un árbitro lo vea.

Con el Celta volcado, llegó una contra de Lucas Lobos que remató Gastón Casas a placer matando el partido. El Celta vuelve a su cruda realidad.